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14 de agosto de 2011

El discurso de Cantinflas en “Su Excelencia”



Aunque ya no suelo hilar tan fino en discursos políticos y demás fábricas de bostezos, aprovechando el calor del momento en el centenario de Cantinflas voy a referirme a una de sus memorables líneas hecha película. Quienes les aburren estos temas (no-temas) es mejor que no sigan leyendo, algo que comprenderé muy bien.
En las recientes películas a color del comediante Mario Moreno Cantinflas, hay una en particular que pone el dedo en la carne en cuanto a denuncia moral se refiere. Cuando se hizo Su Excelencia (1967) estaba en pleno apogeo la Guerra Fría. El mundo polarizado en dos irreconciliables tendencias, simbolizada en el muro berlinés que dividía al mismo tiempo país, continente y planeta. De la izquierda a la derecha y viceversa, pero a los del medio nada. El mundo vuelto loco en dogmas y enardecidos fanatismos, que silenciaron en su momento tanto al Mayo Francés como a la Primavera de Praga.
En Su Excelencia el mundo se encuentra dividido entre Verdes (capitalistas) y Colorados (socialistas). Entrará en asamblea general para definir el modelo político definitivo el cual rija en todos los países. Cada uno manda un embajador para que emita un voto y a la vez un discurso. Algo parecido como se hace una vez al año en la ONU, en el púlpito donde hoy media Ban Ki Moon vimos desfilar las palabras hipócritas de Bush jr y la prepotente chulería de Hugo Chávez. En la película el personaje de Cantinflas toma una envidiable actitud imparcial, recalcando en su discurso la crítica a los procedimientos y no a las ideas. Algo que suele tocar sensibilidades de quienes viven de los pregonar habladas, consignas y demás palabras gastadas.
Comparto una actitud progresista, pero no soy de rendir culto ciego y partidista a ningún lado político; llámese diestro o zurdo. Posiblemente sea gracias a esta película, a lo que me enorgullece personalmente. Ser dogmatico en lo que se piensa limita la visión de mundo, no permite ser prácticos en la vida y evita señalar la corrupción e hipocresía que se dan en quienes se hacen llamar “Padres de la Patria”. Por eso admiro al embajador que interpreta Cantinflas, quien es parejo en sus denuncias en criticar las irregularidades que se dan tanto en la izquierda como la derecha política.
Ignoro a qué lado le apuntaba Mario Moreno Cantinflas fuera de cámara. En su página Wikipédica se dice que era de una tendencia conservadora, aunque llegó a ser presidente de su sindicato de actores. Desde ahí fue activista asiduo en contra del llamado charrismo sindical, práctica en la que un gobierno pactaba con los líderes sindicales a base dádivas. Era el caso del otrora vitalicio partido gobernante mexicano del PRI, el cual buscaba infiltrarse en todos los aparatos estatales y sociales para afianzar su poder. En tal caso ese recordado discurso que dice en su película continúa vigente y para rato.

11 de agosto de 2011

Un siglo de cantinfleadas







La RAE define cantinflear como “hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada” (1).
Se ganó la vida como pudo; boxeador, soldado, torero y cirquero. El humor fue lo suyo y con él se hizo inmortal. Entre los recuerdos más vividos de mi infancia son las noches en las que transmitían todas sus películas en tv abierta. Era alguien muy anterior a mí, pero igual me reía no importa lo que interpretara: limpia botas, extra de cine, profesor, cura, conserje, empleado público, barrendero… pero sobre todo al emblemático peladito de pantalones caídos. Quizá no usaba un elegante bombín como el Charlot de Charles Chaplin, pero ese chonetillo de paja no solo lo hacía ícono. Junto con su inconfundible forma de hablar era algo que le permitía conectar con la gente.
En México hay aire festivo por la celebración del centenario de su legendario actor, al que con David Niven dio una vuelta al mundo en ochenta días. Al norte de la frontera ganó un Globo de Oro y una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, premios pequeños comparados con el aprecio y admiración que toda Latinoamérica siente por él. Desde su muerte en 1993 al presente, su descendencia oportunista busca adueñarse de los derechos de la propiedad intelectual de toda la filmografía del humorista. Cuando Mario Moreno Reyes dejó de hacer películas se puede decir que el cine mexicano fue perdiendo el esplendor que tuvo en otras épocas. Ahora el dial televisivo se satura de telenovelas, refritos y programas faranduleros. Qué suerte que no vivió para ver lo bajo que cae la cultura en su país. De la guerra del narco mejor ni hablar.
Felicidades póstumas a Cantinflas en su centenario de nacimiento.

16 de febrero de 2010

Escenas Memorables: Cantinflas dirige una orquesta



Las películas de Mario Moreno Cantinflas fueron de las primeras que vi desde que tengo memoria. En esos años noventeros los canales de televisión las daban repitidas veces, desde Águila o Sol (1937) a El Barrendero (1982). Hoy seguiría igual de no ser por sus herederos, que en lo que les queda de bondad consiguieron los derechos de las películas; para negarles a las televisoras la transmisión abierta de las películas cantinflescas.

Casi diez años después, ya dentro del formato del DVD o el AVI he logrado conseguir algunas de sus mejores cintas como El Señor Doctor (1964), El Analfabeto (1960), El Extra (1962), Por Mis Pistolas (1968) o Su Excelencia (1966). Más a la espera de otros títulos pendientes. Me gusta Cantinflas pues tiene un humor que no es pedante. Con su clásico hablado enredado (cantinfleadas), salidas y refranes contagian e identifican al instante con su expectador. Los personajes de Cantinflas no son aristocráticos o que alardeen de ser importantes: son tan sencillos como la mayoría de la gente común de barrio o de campo. Que en algunas ocasiones ejercen peso, irreverencia e incluso sabiduría con quienes lo rodean; por más académicos o eruditos que sean.

Esta escena en particular es de la cinta Si yo fuera diputado (1951), uno de los buenos clásicos de su epoca a blanco y negro. Cantinflas es perseguido dentro de un teatro y acaba acorralado en el escenario, entre el público y una orquesta. Sin dominio aparente de la música logra improvisar la Rapsodia Hungara #2 a la vista atónita de sus perseguidores y el público. Quizá la escena más recordable de su larga filmografía. Por lo mismo la comparto, pues a más de uno le despierte nostalgia y risas a la comicidad propia de este actor mexicano.