No hace mucho decidí repasar lo que me hacía falta ver por parte de Woody Allen. Me encontré títulos que no figuran como director aunque sí toma mucha parte sea actuando o escribiendo.He de recopilar algunas películas que rompen bastante con el reciente e incendiario decálogo publiqué no hace mucho:
Take the Money and Run (1969)
La película más (groucho) marxista que ha hecho. No se veían entonces grandes pretensiones intelectuales como se verían en futuros trabajos, pero divierte de sobra con un humor entendible para todos los públicos sin ser barato. De las pocas películas donde vemos a Woody Allen interpretando a esos entrañables perdedores que buscan sin mucho entusiasmo su lugar en el mundo, aquí interpretando a un ladronzuelo de poco rango y mala suerte. Suele ser menospreciada por la mayoría incluso por su propio realizador, pero yo la tengo en una especie de altar. La tengo muy por encima de otras cintas que se creen más de lo que son.
Play Again Sam (1972)
Generalmente si uno se suelta llorar en una película es cuando termina, pero aquí me pasó lo contrario. “Sueños de un Seductor” es basada en una obra teatral de Allen, el cual solo se limitó en esta película a escribir el guión y actuar. Es una especie de remembranza a Casablanca, donde Woody Allen interpreta a un torpe personaje el cual aprende a ligar por un Humphrey Bogart alucinado. Como me reí con ese personaje, desde Napoleón Dinamite nunca había visto a alguien tan deprimente y entrañable en una película. Conmueve en su comienzo donde se evoca a los minutos finales de Casablanca, donde el nostálgico personaje de Allen despierta luego de ese sueño que es la película. Ver primero Casablanca antes que esta cinta para entenderla y saborearla.
The Front (1976)
Hay cosas raras en el mundo: un político honesto, un judío pobre y Woody Allen tomando parte en una película de crítica social. En este caso este actor interpreta a alguien quien sirve como tapadera a los escritores y artistas del medio perseguidos por ser comunistas en la Era del Macarthismo. Woody Allen es un dependiente y corredor de apuestas sin convicciones políticas, el cual se va enredando e involucrando con los problemas relacionados a la Caza de Brujas que sufrieron muchos creativos del medio norteamericano; algunos de los cuales son sus amistades dentro de la historia de la película.
En esta película es destacado mencionar la participación de Zero Mostel, quien años antes sufrió en carne propia la persecución a la que fue sometido al testificar ante el infame Comité de Actividades Antiestadounidenses. Si he de ser sincero esta película me quita mucha de la imagen negativa de Woody Allen sobre estos temas, a los cuales pensé que ignoraba por completo.
Broadway Danny Rose (1982)
Sin alejarse de los círculos artísticos, esta vez Woody Allen se enfoca en interpretar a otro de los entrañables perdedores como Danny Rose, un atolondrado representante de figuras artísticas de poca demanda o en decadencia. Echado de lado cuando alguna de sus estrellas repunta y busca a otros que lancen a mejores escenarios. No hay final feliz, salvo por una buena sensación que evita la amargura completa de Danny Rose.
Small Time Crooks (2000)
En la época menos favorita en cuanto a este realizador se refiere, sale una película que si bien no abandona los lujos; hace una buena crítica de las clases altas cuando el ladrón ya envejecido de “Toma el dinero y corre” quiere hacer un último golpe del cual necesita del patrocinio de su esposa; quien es renuente al principio en tomar parte en un negocio de galletas que sirve como tapadera al atraco al banco. El negocio de las galletas resulta exitoso, lo que les da fortuna a los ladrones convirtiéndolos en nuevos ricos. Por la vía mala entenderán que tener lujos y rodearse con gente culta o adinerada no lo es todo en la vida.
Me hace gracia que en esta película Woody Allen interpreta quizá a su personaje más inculto, a quien su repentina riqueza no lo termina por seducir a diferencia de su esposa. Me resulta verlo comiendo comida chatarra mientras ve TV, o bien ir a un juego de beisbol en lugar de ir a la opera.
Escribirás en lo posible la misma historia sobre un tipo escuálido, citadino e hipocondriaco el cual tiene que ligar por lo menos tres veces en la película. Para eso es importante un continuo cambio de parejas con los personajes secundarios. El personaje principal además debe ser un intelectual, erudito en literatura rusa, inestable emocionalmente y un amante del cine de Bergman o Fellini.
A partir de ahí los personajes que giren con el protagonista (tu alter ego) deberán de ser también igual de inestables, recurriendo constantemente a los psiquiatras y a la sobre medicación. Citadinos que se vean pusilánimes en el mundo rural. Serán en lo posible escritores, pintores, músicos de jazz, publicistas, fotógrafos, académicos, críticos de arte y demás áreas que se relacione con lo intelectual o creativo. Difícilmente todos vayan a pertenecer a esos círculos bohemios, por lo que también recurrirás a personajes de clase alta: viejos magnates y ejecutivos de mente ultra conservadora, tan McCarthistas como las frívolas mujeres con las que se casan y emborrachan con champan. Vale también alguno que otro yuppie que sirva de mecenas para alguna mente artística de la que trate tu película. No es importante enfocarse en la existencia de seres comunes de la clase media baja como son los inmigrantes y demás minorías étnicas, que viven explotados por un sistema que los trata como esclavos;mientras tratan de sobrellevar sus problemas sin tener tiempo para caprichillos existenciales o depresiones superfluas cuando están sobre el diván.
En tus guiones los personajes estarán constantemente hablando, aunque lo hagan por el simple hecho de hablar. Nada de largos silencios o de complejas elipsis narrativas. Lo que escribas se habla, aún si esto llega a exasperar al espectador.
Filmarás siempre en áreas urbanas, en lo posible en lujosas locaciones de tu ciudad. Europa es ideal pues es un sitio ideal para tus cultos y aburguesados personajes. Armarás un guión a base de la guía turística de la ciudad a donde vayas. Te sugerirá evocadoras locaciones ideales para encuentros y desencuentros románticos y cultos, aunque resulten algo clichés. Londres ofrece lujosos barrios donde lo multicultural queda por fuera. Barcelona te mostrará su dócil y arraigado españolismo que ha caracterizado al pueblo catalán durante monarquías y dictaduras. En Roma evocarás a Fellini… y siempre nos quedará París, la que para ti será tu segunda casa con un apartamento con vista a la Torre Eiffel; al alcance de los museos-palacios donde vivían los despreocupados nobles franceses hasta que la plebe indignada los decapitara. Nada de ir a filmar a países del tercer mundo, pues no tienen bastantes locaciones glamorosas para rodar tus historias. En esas Bananas Republic deberás sobornar al caudillo de turno para que te dé vía libre como no pagar las cargas sociales de los trabajadores que contrates. Por eso y mucho más no es muy viable ir a esos distantes rincones geográficos.
Sé un nostálgico a toda regla, pues el tiempo pasado siempre fue mejor. Sobre todo los despampanantes años veintes donde todo era abundancia y algarabía, hasta aquel martes negro de 1929 que bajó a todos los riquillos de la nube. El presente jamás será demasiado bueno, tanto por los frívolos añoran las décadas de despreocupación y prosperidad; como los contestatarios y anti sistemas que añoran vivir un Mayo del 68. Aún cuando este 2011 suelen ignorar a la Primavera Árabe, los indignados españoles del 15-M, el Movimiento Ocupa en Wall Street o la Movilización Estudiantil en Chile que lleva ya siete meses.
A esto último va el siguiente paso: Enfócate 100% en ti mismo, que no salga de ti ni un mínimo rasgo de conciencia social. Va ha ser importante a la hora de dar carácter a los pedantes personajes que saldrán de las líneas de tu laptop o máquina de escribir. Tan absortos en su materialismo y en la vacía existencia de sus lujosos apartamentos de Park Avenue, como para echar si quiera una mirada al poco glamoroso gueto de Harlem.
Siempre mantén el mismo estilo a la hora de montar tus películas. No importa que en pleno siglo XXI pongas todos los créditos al comienzo de la película como se hacía hace 40 años: la pantalla en negro con letras blancas y el arcaico jazz que tanta nostalgia te despierta. Un minuto y medio que puede despertar impaciencia y bostezos al cinéfilo que pagó su entrada o bien descargó vía torrent la película antes que se estrenara en su país.
Ten una actriz fetiche, para que te la ligues dentro y fuera de cámaras. Si ésta se aburre de ti recurre a otras que a la vez irán marcando pauta en tu carrera cinematográfica. Si alguna de ellas le dé por la filantrópica actividad de adoptar niños o niñas del tercer mundo, cuando éstos tengan la mayoría de edad podrás meterle los cuernos con alguna de sus hijas adoptivas. Aún con el riesgo de que tu mujer sea amiga de un cantante mafioso y éste te amenace con romperte las piernas.
Cuando tu carrera como cineasta comience a tambalear un poco por el peso de tus años y ya las actrices no quieran ligarte, aférrate a tu época dorada para que alguna figura mediática del momento (no importa que no haya actuado jamás) despierte curiosidad en ti y quiera participar en tu siguiente película. Con suerte sea la guapa esposa del presidente de un país de primer mundo, el cual te dé vía libre para todo siendo ojalá en la ciudad de tus sueños mojados.
Por más necesidad creativa que te despierte por nada del mundo hagas algo experimental con tus películas, pues amenaza con romper el estilo por el que tanto te han alabado. Con el tiempo encontrarás nuevas generaciones de críticos o seudo-intelectuales que no pararán de adularte por algún trabajo tuyo que consideres una mierda. Entre más trasgresor que seas contigo mismo más mal hablarán de ti, mientras más ordinario seas al final de los días como realizador más te querrán. Sean los actores que buscan tener una película tuya en tu currículum o algún festival europeo que desea abrir su muestra con una cinta tuya fuera de concurso. Así como tu primera década de carrera ésta deberá terminar igual.
Durante los setentas Woody Allen fue creando comedias las cuales fueron evolucionando a medida que iba creando más cine. Eso se nota abismalmente desde Take the Money and Run (1969) a Annie Hall (1977). A pesar de abarcar las risas dentro de sus historias, Allen quería probarse a sí mismo dentro de los dramas existenciales de su cineasta favorito: Ingmar Bergman. Quien para esa década realizaba clásicos como Gritos y Susurros (1972), Cara a Cara (1976) o Sonata de Otoño (1978).
Interiors es una ruptura al tradicional cine humorístico de Allen, el cual iba muy arraigado a su figura actoral. Por esta razón solo se limitó a dirigir y a escribir el guión, en la que es una de sus mejores películas.
Entre las virtudes de este trabajo está su gran nivel en las actrices, que son los ejes de la película. Geraldine Page ganaría una postulación al Oscar por su papel de esposa atormentada por su separación matrimonial. A su lado se rodea un elenco de secundarias de la misma altura dramática: Diane Keaton (su última película con Allen hasta 1993), Kristin Griffith y Mary Beth Hurt, quien destaca del resto. Ellas interpretan a tres hermanas de una familia en crisis emocional. Hundidas en sus propios problemas, envidias y egoísmos.
Es una cinta rara dentro del estilo tradicional de Woody Allen. En ella se emplea mecanismos no muy frecuentes en sus películas: ambientes fríos y emocionalmente cerrados, uso poético de la imagen del flash back y sobre todo; a la predominancia de la imagen silenciosa entre el personaje y su entorno. La cual dice más que los personajes de otras películas de Allen, habladores con mandíbulas aceitadas.
Sin embargo, Allen tuvo la mala suerte de hacer cine en un país donde no es lo suficientemente capaz de comprender su nueva propuesta. El público norteamericano que esperaba una comedia, recibe a Interiores con toda frialdad e indiferencia. No es así en Europa, donde la película es aplaudida y bien recibida por un público que aún no había caído en la propaganda del blockbuster, pregonada por Steven Spielberg con Tiburón en 1975.
“Es curioso que mis películas sean mejor recibidas en Europa. Tal vez porque allá los subtítulos que ponen sean mejores.”
Woody Allen
Mucha de la frustración ocasionada por la recepción de su película en EE. UU. Allen la refleja en Stardust Memories (1980), donde mostraría los conflictos creativos entre realizador y productores ejecutivos. Años después Woody Allen intentaría volver a los ambientes de Interiors con September (1987) y Another Woman (1988). Las cuales (según la palabra de su propio director) serían los peores trabajos de su carrera.
Por ese miedo a la recepción tal vez Allen no volvería a ser tan experimental en los últimos tiempos, para buscar un camino más complaciente tanto con el público como los estudios que le financian sus películas. No obstante, queda Interiores como una propuesta diferente de un artista que no quería encasillarse. Su realizador puede jactarse hoy de haber hecho algo de gran calidad dramática en medio de tan buena comedia.
FICHA ARTÍSTICA
Nombre: Interiors (Interiores) Año: 1978 Director: Woody Allen Guión: Woody Allen Actores: Geraldine Page, Diane Keaton, Mary Beth Hurt, Kristin Griffith, Richard Jordan, E. G. Marshall, Maureen Stapleton, Sam Waterston. Países: EE. UU. Idioma: Inglés. Duración: 99 minutos.
Voy de nuevo con el recuento que hace semanas lo tenía abandonado. Esta vez con un realizador al que critico tanto como le admiro. Así es, a pesar de que no pierdo ocasión en el blog para echarle en cara muchas cosas, sería de ignorantes menospreciar el talento e ingenio de este incomprendido realizador.
Woody Allen es figura popular que se ve y se le oye hablar en todos lados, incluso en una serie como Los Simpsons; que tampoco pierde chance para parodiarlo. Para entender quién es me dispuse el año pasado ver más de sus 40 años de filmografía. Donde es notable la capacidad de filmar prácticamente una película por año.
Comienzos
Allen Stewart Konigsberg (como se llama en realidad) nace en Brooklyn, Nueva York el 1 de diciembre de 1935. De niño era solitario e introvertido al que no le gustaba la escuela. Era bueno solo en redacción donde no perdía ocasión para mostrar su humor. Yo no quería ser Bogart, tampoco quería ser John Wayne. Yo sólo quería ser ese chico con gafas que nunca consigue a la chica, pero que es divertido y cae bien a todo el mundo. Así describe su infancia y adolescencia.
Se intentó titular Producción Cinematográfica en la Universidad de Nueva York, pero la incompatibilidad académica y los choques con sus profesores le mermaron el entusiasmo para titularse. He ahí una de sus frases famosas: A los universitarios les debe dar vergüenza ir al hipódromo, pues hasta los caballos terminan su carrera. Entonces Allen tuvo como escuela las salas de cine (donde veía hasta 14 películas semanales), los shows humorísticosstand-up en locales nocturnos y canales de TV. Donde escribía guiones y chistes humorísticos para después venderlos.
Al comienzo de los sesenta conoce a los que serían sus agentes y productores de toda una vida: Jack Rollins y Charles Joffe. Personas que catapultaría a Allen de dentro del medio cinematográfico. Así es como escribe y actúa para películas como Whats New Pussycat (1965) y Casino Royal (1967). Para 1969 dirigiría su primer éxito, Take the Money and Run (Toma el dinero y corre); película cómica que lo consolida para futuros trabajos.
La era Keaton
Es mi época favorita dentro de su filmografía. Pues además de carecer del marcado tono aristocrático de sus últimos trabajos, se nota en estos años que cada película que realizaba Allen era mejor que la anterior; la cual dejarían los trabajos más emblemáticos de su carrera. En estos años abarcan la participación de Diane Keaton, quien sería pareja de Allen dentro y fuera de cámaras. Antes realiza con Louise Lasser (su esposa hasta 1969) Bananas (1971), una parodia de los régimen autoritarios en Latinoamérica y en 1972 Everything You Always Wanted to Know About Sex* (*But Were Afraid to Ask), basada en un libro humorístico sobre los comportamientos psico-sexuales en las personas.
A partir de la película Sleeper (El Dormilón) en 1973, comenzaría la seguidilla trabajos de la mano de Diane Keaton. Quien en esos mismos años hacía de la esposa de Al Pacino en la saga de El Padrino, de Francis F. Copolla. Con cada película filmada, las tramas se vuelven más complejas y elaboradas; con un poco de drama, humor y aire intelectual. Exceptuando Interiors (1978), que fue la primera película que dirigió sin actuar.
Además de esas películas, en los setentas Woody Allen también haría Love & Death (1975) y las que serían sus trabajos más conocidos y premiados: Annie Hall (1977) y Manhattan (1979). Me atrevería agregar también a Stardust Memories (1980), primera película sin Diane Keaton la cual es una especie de semblanza artística de la carrera de Allen hasta entonces (influenciada en 8 y medio de Fellini).
La era Farrow
La primera película de Mia Farrow con Allen sería A Midsummer Night's Sex Comedy (1981). Al igual que Keaton, Farrow tendría relación con Woody Allen dentro y fuera de cámaras. Sin embargo, esta terminaría de forma conflictiva a principios de los noventas. Aún con algunas películas buenas, como Zelig (1983), The Rose Purple of Cairo (1985), Hannah and his Sisters (1986) o la anecdótica Radio Days (1987) esta etapa en la filmografía de Allen se vuelve irregular.
Son estos años que uno ve al personaje que interpreta Woody Allen reiterativo en su rol de judío ateo, neurótico e hipocondriaco en películas diferentes que dan la sensación de ser la misma. Sumado además al creciente aburguesamiento de sus personajes: parejas, familias o matrimonios de clase alta bastante inestables mentalmente. Quienes gastan dinerales en filantropías, restaurantes finos, clubes de tenis y sobre todo psiquiatras. Cambiando de pareja con la misma habitualidad con la que se cambia de ropa. Allen al parecer le avergüenza los poco refinados barrios donde robaba el torpe ladrón de Toma el dinero y corre.
Sin bajar la clase social, Allen hace con Alice (1990) un trabajo respetable que parece redimirse del aburguesamiento de sus personajes. En una aceptable película como lo fue Husbands and Wives (1992) una ficción que pasaría a la realidad, Allen terminaría su relación con Mia Farrow. Ella se enteraría de las infidelidades del cineasta con su hija adoptiva Soon-Yi. Como diría Allenla fidelidad solo se encuentra ahora en los equipos de sonido.
Los años de un marido divorciado
Hasta entonces Allen había mantenido en sus películas a la mujer en un perfil alto, quizá mitificado. Aun con los altibajos que le hacían pasar, siempre ha afirmado que son seres fascinantes que no le aburren y le obsesionan.
Pero esa imagen caería por los suelos en una de sus mejores y controvertidas películas: Deconstructing Harry (Desmontando a Harry) en 1997, donde nadie se salva de una indirecta. Alusiva a Fresas Salvajes (1957) de Ingmar Bergman, en una forma más satírica. Allen aprovecha cada minuto para desmitificar a las mujeres de su vida, a quienes las refleja como histéricas, celosas y posesivas. También le va al fundamentalismo judío, representado con el esposo de la hermana del personaje. Como en La Rosa Púrura del Cairo, ficción y realidad se mezclan entre el Woody Allen de carne y hueso junto con los personajes que crea. Punto a favor.
Sin embargo, son estos años cuando el aburguesamiento de las cintas de Allen crece irreversiblemente. Un ejemplo claro en Everyone Says I Love You (1996), donde a manera de musical (para colmo) se ve un Nueva York fantasioso y pedante de una familia seudo liberal de Park Avenue. Si soy objetivo esta película no es tan mala como otras, pero en mi salvaje opinión personal la considero como la peor cinta del neoyorquino. Es un mundo bastante ajeno a mío y al de muchos estoy seguro.
Estos años se caracterizan por no haber una actriz insigne, como lo fueron Diane Keaton y Mia Farrow. Pasan sin quedarse mucho Helena Bonham-Carter, Charlize Theron, Goldie Hawn, Hellen Hunt y Winona Ryder. Las siguientes películas de Allen pasarían bastante desapercibidas en el público. Es en esta etapa es cuando la imagen del intelectual seductor de los años setentas ya queda bastante alicaída. Se le nota un marcado envejecimiento, que pese en tener con la misma hiperactividad creativa para escribir; ya el medio visual trata de jubilarlo. El cine de Woody Allen es tedioso para la nueva audiencia del siglo XXI. Pero cuando parece tirar la toalla, una rubia le dará un último aire.
La era Johansson.
Match Point (2005) hace un cambio drástico dentro de las anteriores cintas de Allen. Se aleja de Nueva York para irse a los refinados suburbios londinenses. Aquí Scarlett Johansson le roba cámara a Jonathan Rhys-Davies en un triller atípico para Allen, el cual es recibido con aceptación por la nueva audiencia y deja perplejos a sus seguidores tradicionales.
Va de nuevo con Johansson con Scoop (2006), que es una película que no da la impresión de ser comedia; aunque tampoco de triller como Match Point. Intenta ir por ahí sin Johansson con Cassandra Dream (2007), con Ewan McGregor y Colin Farrell. Para el 2008 vuelve Johansson y un plantel de lujo con Vicky Cristina Barcelona, filmada en España donde aparecen también Rebeca Hall, Javier Bardem y una sobresaliente Penélope Cruz. En esta película Allen trata de mostrarse cosmopolita en su argumento, pero en realidad muestra una visión muy engañada de España (y por ende del mundo). Creo que un verdadero cineasta de mundo como Jim Jarmusch le daría una lección a Allen de verdadero cine multicultural.
Vuelve a Nueva York con Whatever Works en el 2009 y este año estrena una película en Cannes. Scarlett Johansson parece distanciársele por los blockbusters de temporada, por lo que para su siguiente trabajo recurrirá a la esposa del presidente de Francia para filmar Midnigth in Paris el próximo año. En la que seguramente será otra película de ambientes comunes y sobre todo… aristocráticos.
Constantes
Luego de ver prácticamente todas sus películas puedo afirmar que:
Tanto mujeres como hombres (incluso adolecentes), los personajes que crea Woody Allen para sus películas son escritores, críticos literarios, publicistas, profesores universitarios, actores de cine y teatro, diseñadoras de moda, músicos de jazz o exitosos oficinistas.
Esas personajes son tan inestables mentalmente, que siempre terminan recurriendo a un (o a una) psiquiatra. No es de extrañarse si más de una termina saliendo con el/la terapeuta.
No espere ver a afroamericanos o latinos ocupar protagonismo en las películas del cineasta. Woody Allen predomina al casting anglosajón para los brillantes personajes de su trama. A los demás lo relega como conserjes o prostitutas. Posiblemente alguien como Spike Lee no le debe tener mucho aprecio.
Antes que termine la película, el personaje que interpreta Woody Allen se habrá emparejado al menos con dos o tres mujeres.
Nunca se verá una película de Allen ambientada en África o en algún otro país del tercer mundo (a excepción quizá de Bananas).
Los refinados personajes de Woody Allen van siempre a divertirse al teatro para ver la ópera o una obra clásica. Jamás se dirigen a un vulgar concierto de rock o de Hip Hop. Si aparecen ahí al momento salen del lugar o la escena se corta.
Los alter egos de Allen son eruditos en literatura rusa como Chejov y Dostoievski. Además de ser asiduos cinéfilos de Ingmar Bergman y Groucho Marx.
También le critico…
El eterno presente de la filmografía de este director radica esencialmente en los años cuarentas. Por eso me retracto si dije acá que Clint Eastwood era convencional, pues no lo es tanto como Woddy Allen; quien olvidó como ser experimental y hoy más bien opta por el camino fácil. Cada vez que se ve alguna cinta reciente de Allen da la sensación de incompatibilidad con el presente, no evoluciona.
Otra cosa que le critico es de mantener la anticuada imagen del latin lover (hispano guapo y descerebrado), propia del Hollywood de hace 60 años. Esto se da en Vicky Cristina Barcelona, en donde si bien da una imagen más intelectual a Javier Bardem (interpreta a un pintor) se nota a primera vista el aire donjuanesco que le da. Como si dijera cójamonos primero y luego te pregunto cómo te llamas.
Como ya lo mencioné, está el marcado aire aristocrático que le da a sus personajes. No critico esto porque yo sea el estereotipado estudiante universitario, que pregona ideas socialistas con el mismo tono de un cura da el sermón dominical. Pienso como muchos que el espectador común no es alguien que le sobre la abundancia. Al ver esos ambientes frívolos y pedantes se aburre o le termina cayendo mal la película. El público para ese tipo de cine ya murió, o tal vez se arrima a Allen para darse apariencia de intelectuales y de esta manera ocultar (junto con joyas y ropa de boutique) su evidente estupidez.
…pero le aplaudo
Su humor pícaro y existencial. Allen escribe unos diálogos tan divertidos como inteligentes. Parodia y crítica el puritanismo respecto al sexo, además del fanatismo religioso arraigado a la estricta formación judía que lo llevo a convertirse en ateo. Se mofa tanto del antisemitismo como el ego histórico del judaísmo en creerse el pueblo elegido.
Por eso creo que Woody Allen es rebelde a su manera, como el anarquista aburguesado que es. Se da el lujo incluso de faltar incontables veces a las galas de los Oscar, aún cuando alguna de sus películas fueran premiadas. Es categórico en afirmar que su arte no es para competir, pues muchas veces esos certámenes radican en padrinazgos de gremios que en realidad no buscan premiar la capacidad creativa de un artista. Más bien darse un autobombo parecido a la aburrida gala de los Oscar de este año.
También le alabo su filosofía en las relaciones de pareja. Es la eterna constante de todas sus películas, aunque llegue a hilar muy fino en el tema y llega a exasperar. Allen describe al ser humano como un ser más complejo de lo que es. El cual puede dejarse llevar por sus impulsos o tener una relación armoniosa entre amigos y familia luego de una ruptura. Ingmar Bergman es aquí su cineasta de cabecera.
Otra cuestión de mérito es su alta hiperactividad creativa, que le ha permitido hacer considerable cantidad de películas, guiones y libros. Es un gran polifacético donde tiene la capacidad de actuar, escribir, dirigir e incluso ayudar con la composición musical. Toca regularmente en una banda de Jazz en un local nocturno en Nueva York, que le ha servido de pretexto para faltar a la entrega de los Oscar en todos los años que es invitado.
Pese a todas las cosas que le discrepo de su cine, pienso que Woody Allen es parte importante en la historia del mismo. No cualquiera espectador o crítico está a la altura para entender su drama y humor inteligente, porque el mundo artístico que inspira su obra (además de su vida) es basto y poco accesible para la mayoría. Un mundo artístico algo pasado de moda, pero el cual tiene elementos universales que nutren sus guiones escritos a máquina de escribir. Que aún hoy Allen sigue y seguirá escribiendo en plena era computacional. Hasta que parta finalmente de este mundo bailando alegremente con la muerte, como se ve en una final de una de sus películas.
"¿Existe el Infierno? ¿Existe Dios? ¿Resucitaremos después de la muerte? Ah, y no olvidemos lo más importante: ¿habrá mujeres allí?"