En realidad fue hace bastante rato, cuando prácticamente habían menos entradas que meses al año. El último cambio del blog resultó un alargado réquiem al faltar la regularidad presente en otras redes sociales emergentes. Aleatorias líneas del momento en un lado, imágenes en otro, procrastinación excedida y otros perfiles más o menos abandonados como éste. Es la falta de disciplina dentro y fuera del Internet. Aún sin la regularidad de los primeros años de este blog por ahí del 2009 se continúa tecleando lo de siempre. Texto guardado en el disco duro o en los borradores de éstas cuentas de Medium: mlmc2038y Cinemateca Solaris. Aún leo regularmente las actualizaciones de blogs seguidos y comentados desde hace años, cada vez menos frecuentes en entradas e incluso abandonados.
Sin importar la plataforma el contenido es lo importante. Aunque tampoco es volver para quedar a medias. Clausuro sin pesimismo este sitio.blogspot, cinéfilo en un comienzo y más o menos personal en sus últimas etapas. Inactivo vestigio de una época digital, hasta que los servidores de Google se apaguen y oxiden.
Aunque ya no suelo hilar tan fino en discursos políticos y demás fábricas de bostezos, aprovechando el calor del momento en el centenario de Cantinflas voy a referirme a una de sus memorables líneas hecha película. Quienes les aburren estos temas (no-temas) es mejor que no sigan leyendo, algo que comprenderé muy bien.
En las recientes películas a color del comediante Mario Moreno Cantinflas, hay una en particular que pone el dedo en la carne en cuanto a denuncia moral se refiere. Cuando se hizo Su Excelencia (1967) estaba en pleno apogeo la Guerra Fría. El mundo polarizado en dos irreconciliables tendencias, simbolizada en el muro berlinés que dividía al mismo tiempo país, continente y planeta. De la izquierda a la derecha y viceversa, pero a los del medio nada. El mundo vuelto loco en dogmas y enardecidos fanatismos, que silenciaron en su momento tanto al Mayo Francés como a la Primavera de Praga.
En Su Excelencia el mundo se encuentra dividido entre Verdes (capitalistas) y Colorados (socialistas). Entrará en asamblea general para definir el modelo político definitivo el cual rija en todos los países. Cada uno manda un embajador para que emita un voto y a la vez un discurso. Algo parecido como se hace una vez al año en la ONU, en el púlpito donde hoy media Ban Ki Moon vimos desfilar las palabras hipócritas de Bush jr y la prepotente chulería de Hugo Chávez. En la película el personaje de Cantinflas toma una envidiable actitud imparcial, recalcando en su discurso la crítica a los procedimientos y no a las ideas. Algo que suele tocar sensibilidades de quienes viven de los pregonar habladas, consignas y demás palabras gastadas.
Comparto una actitud progresista, pero no soy de rendir culto ciego y partidista a ningún lado político; llámese diestro o zurdo. Posiblemente sea gracias a esta película, a lo que me enorgullece personalmente. Ser dogmatico en lo que se piensa limita la visión de mundo, no permite ser prácticos en la vida y evita señalar la corrupción e hipocresía que se dan en quienes se hacen llamar “Padres de la Patria”. Por eso admiro al embajador que interpreta Cantinflas, quien es parejo en sus denuncias en criticar las irregularidades que se dan tanto en la izquierda como la derecha política.
Ignoro a qué lado le apuntabaMario Moreno Cantinflas fuera de cámara. En su página Wikipédica se dice que era de una tendencia conservadora, aunque llegó a ser presidente de su sindicato de actores. Desde ahí fue activista asiduo en contra del llamado charrismo sindical, práctica en la que un gobierno pactaba con los líderes sindicales a base dádivas. Era el caso del otrora vitalicio partido gobernante mexicano del PRI, el cual buscaba infiltrarse en todos los aparatos estatales y sociales para afianzar su poder. En tal caso ese recordado discurso que dice en su película continúa vigente y para rato.