
Este hombre fue escogido entre mil...
debido a su fijación
por una imagen del pasado.
Al principio...
nada más que desgarro
en tiempo presente...
y sus potros de tortura.
Se empieza de nuevo.
El sujeto no muere, no delira.
Sufre.
Se prosigue.
El décimo día...
empiezan a manar las imágenes,
como revelaciones.
Una mañana en tiempo de paz.
Una habitación en tiempo de paz,
una habitación de verdad.
Niños de verdad.
Pájaros de verdad.
Gatos de verdad.
Tumbas de verdad.
El decimosexto día,
se encuentra en el muelle.
Vacío.
A veces,
encuentra un día de felicidad...
pero diferente;
un rostro de felicidad...
pero diferente.
Ruinas.
Una mujer que podría ser la que busca.
Se han cruzado en el muelle.
Desde un coche, la ve sonreír.
Aparecen otras imágenes...
que se mezclan, en un museo
que podría ser el de su memoria.
El trigésimo día...
se encuentran.
Esta vez está seguro de que es ella.
Es la única cosa
de la que está seguro...
en este mundo sin fecha...
que le conmociona por su esplendor.
A su alrededor,
hay materiales fabulosos...
vidrio, plástico...
y tejidos esponjosos.
Cuando sale de su fascinación...
la mujer ha desaparecido.
...

La Jetée (El Muelle) era un trabajo propio de esa tendencia, hecho con la técnica del fotomontaje de imágenes una detrás de otra. El narrador, los efectos de sonido y la música van hilando la historia que busca llamar la atención del espectador. Se ambienta propiamente en Francia en un futuro apocalíptico, donde luego de una guerra nuclear los pocos sobrevivientes se ven obligados a vivir bajo tierra de forma totalitaria. Un equipo de científicos del bando vencedor maneja un proyecto secreto, que consiste en enviar emisarios por el tiempo para pedir ayuda a su presente. El argumento de este corto se centra en uno de esos viajeros.
Con la técnica del fotomontaje La Jetée se considera un trabajo experimental, donde muchas de sus virtudes son la sobria narración (de Jean Négromi) que da un aire lleno de poesía. La fotografía es lo mejor la película, en crédito compartido a oportuna música y de las locaciones que capturan las soberbias fotografías en blanco y negro de Cris Marker. La actriz Hélène Chatelain da un ambiente melancólico y existencial en minutos importantes. Enamora tanto al personaje como al espectador (hablo por mi) e inyecta un sentimiento de nostálgica ansiedad, por desear viajar a ese pasado despreocupado del que se recuerda vagamente.