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9 de noviembre de 2012

Costa Rica Way of Life



Brete estable y remunerado. 
Inalterables semanas donde se esperan feriados, quinces y treintas.
Amando viernes, repudiando lunes.
Carrazo nuevo de la agencia.
Iphone nuevo para madrear gratuitamente al ICE y babear por Claro-Movistar.
Seguro médico fuera de la Caja.
Chozón de lujo en Tres Ríos, Rohrmoser y Lindora.
Un pedacito de Guanacaste hipotecado en dólares para el verano. 
Motos y cuadras para bramar el cilindraje a los vecinos

(Sigue)

El PLN votado por medio país (entiéndase como finca).
Bésame FM como consejero al oído para el romance (Arjona y compañía).
Radio Fides dictando la moral a seguir.
Noticias REPRETEL informando lo que debo creer.
COMBATE entreteniendo y educando.
LA TEJA lo que debo leer y masturbar.

(Sigue y sigue…)

No pasa nada.
Comulistas, sindicatos, chancletudos, playos y nicas tienen la culpa.
De las presas, huecos, platinas y puentes caídos.
Atentan contra el tránsito del decente tico promedio.
Y a la inmaculada casta que elije para gobernar.

(Fin del mensaje)

No hay que esperar comprensión de la realidad de quienes viven apegados a una aburrida rutina y al vacío materialismo que conlleva.



5 de agosto de 2012

Invertir en ciencia no es frivolidad


Yo me defino como progresista, pero aún así no comparto opinión de algunos en decir que toda investigación científica sea en el Boson de Higgs o la exploración espacial es una pérdida de recursos, apelando a la demagogia de que no soluciona los problemas del mundo como el hambre o la distribución de la riqueza. Cuesta reconocer que de las guerras más sangrientas surgieron tecnologías o mejoras médicas que directa o indirectamente a largo plazo uno mismo llegó a beneficiarse. La ciencia como tal no es frívola si su inversión es bien aplicada. Si hay intereses de por medio es otra cosa, así que el dedo acusador vaya a los políticos y empresarios que financian. No a los científicos.

28 de febrero de 2012

Cómo ser nominado y (con suerte) ganar un Oscar



Pasaron los Oscars y este servidor (que estos meses de época seca en el trópico se dedica a recoger la materia prima con la que Starbucks trabaja para vender sus exclusivos locales), apenas se dignó de ver como dos películas de las nueve que postularon en la mejor categoría más el evento en cuestión. La verdad que ha sido el año en que he perdido el poco respeto y credibilidad que tenía al Oscar, que ya me convenció en definitiva que premia el padrinazgo y la adulación (más alguna rara excepción).
A pesar de estar hasta el copete de brete (tanto estacional como particular y propio) quiero aprovechar estos instantes nocturnos que tengo libre para hacer otra especie de decálogo, el cual enliste los pasos con los que personas con trabajo delante y detrás de cámara puedan seguir si algún día tengan la esperanza de levantar esa estatuilla del viejo calvo y pelón mientras leen un discurso prefabricado. Tomen nota:
  1. Seas gringo o del resto del mundo debes tener claro que a pesar que peregrines con tu película por festivales en todo el mundo, no serás nadie para la Academia a no ser que te prostituyas por una módica suma a los productores californianos. Para que distribuyan tu película sin que veas un dólar a cambio y se queden con toda la ganancia. De ahí en adelante esos magnates harán campaña para ti previo a la gala del último domingo de febrero.
  2. Para que te nominen o ganes en los Oscar no debes ser mejor que tus colegas en el trabajo que hagas dentro de una película. Tienes que compartir industria, crew, productores ejecutivos e incluso sinagoga. Ésta última aunque no parezca puede incidir mucho. A todos ellos debes adularlos y caerles bien más si tienen voto para el Oscar.
  3. No me juzguen de antisemita con lo anterior, la historia de los Oscar no me deja mentir. Si haces películas con temática alusiva a la Segunda Guerra Mundial, con énfasis al Holocausto Judío tienes la nominación al premio garantizada. Tanto Harvey Weinstein como Steven Spielberg te pueden dar garantía de eso. A pesar que los judíos hoy no sean tan pobrecitos y perseguidos como en la época de Hitler, el Holocausto siempre será tema en Hollywood aún si Israel mantiene a los palestinos hacinados en guetos a los que bombardea sin misericordia. Ya Quentin Tarantino nos mostró como los adoradores de la Estrella de David pueden dejar de sentirse perseguidos, y en cambio no tener reparo en empaparse de la misma sangre de aquellos quienes buscan liquidarlos.
  4. Para que siempre te nominen a un Oscar debes ser Meryl Streep.
  5. Encarnar a dictadores, gobernantes o un políticos autoritarios es nominación garantizada, medio paso para alzar el Oscar. Eso debió pensar Meryl Streep hace tiempo para no esperar 30 años de su último premio.
  6. Algo que cae de puta madre a Hollywood y sus peces gordos son películas alusivas a su industria. Que les glorifique y les remita nostalgia como lo fueron por ejemplo esos despampanantes años veintes donde el jolgorio y el glamour (gesto vomitivo del autor) reinaban dentro de cámaras y en las alfombras rojas. Eso antes que se viniera el crack financiero de Wall Street de 1929, que terminó por suicidar a más de inversionista que no encontró en los bailes y las sonrisas de Fred Astaire o Ginger Rogers el escapismo que sació embelesados a muchos durante esos difíciles años de la Gran Depresión. Que lo digan los creadores de The Artist, cuyo director apenas ha hecho cuatro películas en su carrera, tres comedias con dos parodiando a James Bond. Así se gana un Oscar sin ser parte de la argolla.
  7. Por lo general gente como Terrence Malick nada tienen que hacer por en las alfombras rojas, a las que Sasha Baron-Cohen llena de ceniza disfrazado de Gadaffi. Por eso nunca va aún si de casualidad es nominando. Por más que tenga a Brad Pitt como protagonista, el ritmo pausado y meditativo de sus películas causa cabeceos y bostezos en la Academia como igual pasó en 1968 cuando un tal Stanley Kubrick exhibió una lentísima y extraña película llamada 2001 Odisea Espacial. Ahí tiene Malick a Europa que no se aburre con sus divagaciones panteístas sobre la existencia y el cosmos. Hasta Woody Allen no iría a tocar el clarinete los domingos con de pasar por la alfombra roja de Cannes.
  8. La Academia por lo general no premia las mejores películas de sus autores. Estos a veces suelen quedar perplejos por recibir en avanzada edad la ansiada estatuilla por una película que sea mediocre para ellos, comparada con una obra maestra que hicieran décadas atrás. Más por acto de compensar injusticias pasadas que por mérito. Quizá eso pensaría Martin Scorsese al premiársele por dirigir un refrito de una película asiática. Así que no pierdas fe si te nominan eternamente y no ganas. Siempre quedará el Oscar Honorífico, sino que lo diga Peter O´Toole.
  9. La mafia tiene mucho peso dentro de la Academia, que lo diga la nepotista familia Coppola. Su padrino Don Francis ha clavado cimientos profundos en Hollywood para que sus hijos Sofía y Roman (y de más prole con o sin el apellido Coppola) no dejen de rodearse de importantes influencias y personalidades para que les faciliten el éxito a la hora de hacer películas. Sin jamás sudar en encontrar financiación y distribución para sus trabajos, como si tienen que hacerlo muchos anónimos cineastas independientes. Esos que a duras penas logran llegar a Sundance para vender los derechos de distribución en ganga a Fox Searchlight o Focus Features. A la larga para la Familia puede que rinda fruto con varios Oscars a futuro.
  10. Para ganar un Oscar filma películas sin esperar nada a cambio, por pura pasión. Con la mayor destreza e ingenio que poseas. Amparándote en los recursos que tengas. Con propuestas honestas y originales, sin buscar autobombos o caer bien a colegas y productores. Puede que siguiendo este punto a la de menos ganes el premio sin polémica, aunque con una probabilidad de 0,00000000000001% si hay otros que siguen los otros nueve pasos anteriores.

19 de enero de 2012

El cinéfilo 2.0 y su crimen contra la (in)humanidad

Sea para quienes no tenemos un cine a pocos minutos de nuestra casa, o bien no tengamos un videoclub con películas con decente calidad tanto en imagen como en variedad de títulos el Internet es el único lugar donde podemos encontrar cintas de nuestro interés. Duela o incomode a tradicionalistas, los cinéfilos del siglo XXI ya somos más de ver en la pantalla 16:9 de nuestra laptop que de hacer fila en las taquillas de los multicines. En mi caso cómodamente en un sillón o en la cama, a la par de un litro de cerveza o un vaso de whisky entre hielos. Soy más etílico que palomitero a la hora de ver películas.

Gracias a los torrents y a los servidores de descarga directa como Rapidshare, Fileserve, el recién clausurado Megaupload entre otros pude acceder (además de títulos conocidos de Hollywood) a las filmografías desde Chaplin, Hitchcock, Bergman, la Nouvelle Vague francesa, clásicos a blanco y negro o tecnicolor a películas de diversas partes mundo, de aire underground e independiente y otros buenos títulos que salen recientemente los cuales no tienen tanta difusión; que a veces ni llegan a las tiendas de video. Ese medio ha sido nuestra cinemateca, de lo contrario hubiera sido difícil y costoso acceder a esas películas que se empolvan en estantes o caen en el olvido tras estrenarse en festivales.

Ante la polémica de la Ley SOPA, el gobierno norteamericano está tomando prácticas orwelianas para clausurar esos portales en pos de los derechos de autor (o más bien de franquicia). Ya que esos sitios evitan tanto a casas disqueras como productoras cinematográfica a seguir ganando más dinero del que les ingresa. Tanto proveedores como usuarios de esos portales de Internet ahora figuramos como nuevos enemigos públicos, pese a que a criminales de cuello blanco como los que generaron la crisis inmobiliaria que se propagó por el mundo aún siguen sueltos e impunes bronceándose en alguna isla del Caribe o del Pacífico Sur.

La verdad no soy de los que buscan vivir lucrando con la piratería de películas como de seguro lo haría Jack Sparrow hoy. En gran parte pues que el gusto no es de mayorías y en mi caso soy más de organizar tandas cinéfilas con amigos o en solitario que andar por la calle vendiendo DVD’s de mala calidad. Si tengo afición por algún cineasta o una película en particular no me duele desembolsar dinero por algún DVD original como acto de veneración al cineasta por su trabajo y también consideración a la industria local, aunque dure más de un año en lanzar un DVD tras el estreno de una película nacional. Algo pesa la conciencia.

La gradería de sol de la cinefilia se ve afectada por estas medidas que se hacen llamar preventivas, pero que sería un paso importante para totalizar el Internet. No sé los críticos o entendidos a sueldo que no tienen que preocuparse por sus pases de cortesía o descuentos en los videoclubes, pero el cinéfilo 2.0 está por entrar en una época oscurantista donde el conocimiento está siendo más restringido y privatizado. En estos momentos se está peleando una guerra encarnizada en Internet por parte del grupo Anonymous contra las webs gubernamentales que nos quieren recetar su SOPA. Hace más de un año no era tan dependiente de las redes sociales comparado a hoy, hace cinco el Internet no me era tan primordial y ver ahora.

Recomiendo una interesante entrada que me encontré de una cinéfila 2.0 en donde hace una buena analogía del tema. Todo esto está dando para hilar fino.

25 de diciembre de 2011

La vida no es una película de Disney



Así lo dice Joaquín Sabina y lo creo yo. No hace mucho me compartieron vía Facebook, entre noticias o videos musicales a los que uno usualmente da "Me Gusta", un extracto de un documental sobre los estereotipos y los valores que pregonan las películas clásicas de la franquicia Disney. Uno de niño jamás se imagina que una inofensiva película infantil sirva y forme parte de una inmensa maquinaria de propaganda, pero así lo han empleado los régimenes totalitarios de cualquier color político. Me quedo erizado con el mensaje inconciente que transmite "La Bella y la Bestia" como lo explican acá, ni qué decir de los estereotipos racistas y etnicos que eran comunes en los animados. Uno de chico creció con una imagen idealizada de Walt Disney como el hombrecillo sonriente que hacía dibujos animados por amor a los niños, aunque la otra historia que uno tarde o temprano se llega a enterar es que este hombrecillo de bigote profesaba amor al dinero y al Nazismo. Otra cuestión que no figura es que sus historias jamás salieron de su imaginación, sino del plagio a los cuentos europeos. Verdaderos relatos de terror adaptados para niños.

Este es un mes en el que los canales de TV transmiten las mil y una versiones de "Cuento de Navidad" y que se desempolvan de las videoteclas más de un clásico animado, donde todos los personajes brincan y cantan felices. De mi parte y aunque me tilden de Grinch hoy veo que la navidad es algo que sirve para mantener las apariencias con los familiares o conocidos, mientras se hace alarde del materialismo. No luce que alguien como yo en medio trópico ponga escarcha falsa para que adorne un árbol navideño de plástico. Resumo como lo comentó una amiga en ese enlace compartido.


"Llámenme alarmista o resentida pero yo jamás jugué con barbies y la única película de Disney que vi completa en mi infancia fue el rey León, aprendí a caminar con tacones a los 23 años, todavía no se maquillarme y no creo ser el monstruo o la bruja malvada de alguna de esas películas, pero sostengo firmemente que mientras una persona siga creyendo que el mayor regalo una nena es una barbie (entre más rubia, flaca y más rosada mejor), para un nene una pistola lanzadora de miles de balas, en que se debe tener paciencia porque dios proveerá, que algún día llegará el príncipe azul o la princesa modelo las cosas seguirán camino al carajo"

12 de diciembre de 2011

10 pasos para ser un cineasta como Woody Allen



  1. Escribirás en lo posible la misma historia sobre un tipo escuálido, citadino e hipocondriaco el cual tiene que ligar por lo menos tres veces en la película. Para eso es importante un continuo cambio de parejas con los personajes secundarios. El personaje principal además debe ser un intelectual, erudito en literatura rusa, inestable emocionalmente y un amante del cine de Bergman o Fellini.
  2. A partir de ahí los personajes que giren con el protagonista (tu alter ego) deberán de ser también igual de inestables, recurriendo constantemente a los psiquiatras y a la sobre medicación. Citadinos que se vean pusilánimes en el mundo rural. Serán en lo posible escritores, pintores, músicos de jazz, publicistas, fotógrafos, académicos, críticos de arte y demás áreas que se relacione con lo intelectual o creativo. Difícilmente todos vayan a pertenecer a esos círculos bohemios, por lo que también recurrirás a personajes de clase alta: viejos magnates y ejecutivos de mente ultra conservadora, tan McCarthistas como las frívolas mujeres con las que se casan y emborrachan con champan. Vale también alguno que otro yuppie que sirva de mecenas para alguna mente artística de la que trate tu película. No es importante enfocarse en la existencia de seres comunes de la clase media baja como son los inmigrantes y demás minorías étnicas, que viven explotados por un sistema que los trata como esclavos; mientras tratan de sobrellevar sus problemas sin tener tiempo para caprichillos existenciales o depresiones superfluas cuando están sobre el diván.
  3. En tus guiones los personajes estarán constantemente hablando, aunque lo hagan por el simple hecho de hablar. Nada de largos silencios o de complejas elipsis narrativas. Lo que escribas se habla, aún si esto llega a exasperar al espectador.
  4. Filmarás siempre en áreas urbanas, en lo posible en lujosas locaciones de tu ciudad. Europa es ideal pues es un sitio ideal para tus cultos y aburguesados personajes. Armarás un guión a base de la guía turística de la ciudad a donde vayas. Te sugerirá evocadoras locaciones ideales para encuentros y desencuentros románticos y cultos, aunque resulten algo clichés. Londres ofrece lujosos barrios donde lo multicultural queda por fuera. Barcelona te mostrará su dócil y arraigado españolismo que ha caracterizado al pueblo catalán durante monarquías y dictaduras. En Roma evocarás a Fellini… y siempre nos quedará París, la que para ti será tu segunda casa con un apartamento con vista a la Torre Eiffel; al alcance de los museos-palacios donde vivían los despreocupados nobles franceses hasta que la plebe indignada los decapitara. Nada de ir a filmar a países del tercer mundo, pues no tienen bastantes locaciones glamorosas para rodar tus historias. En esas Bananas Republic deberás sobornar al caudillo de turno para que te dé vía libre como no pagar las cargas sociales de los trabajadores que contrates. Por eso y mucho más no es muy viable ir a esos distantes rincones geográficos.
  5. Sé un nostálgico a toda regla, pues el tiempo pasado siempre fue mejor. Sobre todo los despampanantes años veintes donde todo era abundancia y algarabía, hasta aquel martes negro de 1929 que bajó a todos los riquillos de la nube. El presente jamás será demasiado bueno, tanto por los frívolos añoran las décadas de despreocupación y prosperidad; como los contestatarios y anti sistemas que añoran vivir un Mayo del 68. Aún cuando este 2011 suelen ignorar a la Primavera Árabe, los indignados españoles del 15-M, el Movimiento Ocupa en Wall Street o la Movilización Estudiantil en Chile que lleva ya siete meses.
  6. A esto último va el siguiente paso: Enfócate 100% en ti mismo, que no salga de ti ni un mínimo rasgo de conciencia social. Va ha ser importante a la hora de dar carácter a los pedantes personajes que saldrán de las líneas de tu laptop o máquina de escribir. Tan absortos en su materialismo y en la vacía existencia de sus lujosos apartamentos de Park Avenue, como para echar si quiera una mirada al poco glamoroso gueto de Harlem.
  7. Siempre mantén el mismo estilo a la hora de montar tus películas. No importa que en pleno siglo XXI pongas todos los créditos al comienzo de la película como se hacía hace 40 años: la pantalla en negro con letras blancas y el arcaico jazz que tanta nostalgia te despierta. Un minuto y medio que puede despertar impaciencia y bostezos al cinéfilo que pagó su entrada o bien descargó vía torrent la película antes que se estrenara en su país.
  8. Ten una actriz fetiche, para que te la ligues dentro y fuera de cámaras. Si ésta se aburre de ti recurre a otras que a la vez irán marcando pauta en tu carrera cinematográfica. Si alguna de ellas le dé por la filantrópica actividad de adoptar niños o niñas del tercer mundo, cuando éstos tengan la mayoría de edad podrás meterle los cuernos con alguna de sus hijas adoptivas. Aún con el riesgo de que tu mujer sea amiga de un cantante mafioso y éste te amenace con romperte las piernas.
  9. Cuando tu carrera como cineasta comience a tambalear un poco por el peso de tus años y ya las actrices no quieran ligarte, aférrate a tu época dorada para que alguna figura mediática del momento (no importa que no haya actuado jamás) despierte curiosidad en ti y quiera participar en tu siguiente película. Con suerte sea la guapa esposa del presidente de un país de primer mundo, el cual te dé vía libre para todo siendo ojalá en la ciudad de tus sueños mojados.
  10. Por más necesidad creativa que te despierte por nada del mundo hagas algo experimental con tus películas, pues amenaza con romper el estilo por el que tanto te han alabado. Con el tiempo encontrarás nuevas generaciones de críticos o seudo-intelectuales que no pararán de adularte por algún trabajo tuyo que consideres una mierda. Entre más trasgresor que seas contigo mismo más mal hablarán de ti, mientras más ordinario seas al final de los días como realizador más te querrán. Sean los actores que buscan tener una película tuya en tu currículum o algún festival europeo que desea abrir su muestra con una cinta tuya fuera de concurso. Así como tu primera década de carrera ésta deberá terminar igual.

21 de septiembre de 2011

A esto hemos llegado

Imagen tomada del blog La Calle Morge

Este es el reverso de una de las entradas de la película El Árbol de la Vida (2011), que recientemente se ha estrenado este año luego del Festival de Cannes en donde salió premiada. Son cosas como esta que decepcionan de mi generación. Nunca he visto un insulto a ese nivel hacia un artista (llámese cineasta, escritor, pintor, músico, etc), más tratándose de Terrence Malick que no es uno del montón. Industria y público no pueden caer más bajo.

Indignante.