Concepto artístico de un agujero hobbit de John Howe.
De las pocas cosas que seguí por efecto de la publicidad y
que hoy mantengo sin avergonzarme es la saga del El Señor de los Anillos. Mundo
fantástico inspirado en la mitología creado por el británico J.R.R.
Tolkien, que si bien ya tenía mucho culto desde hace décadas dentro de la
literatura de fantasía fue hasta hace diez años que se popularizó mundialmente.
Gracias la trilogía de películas que adaptó los tres volúmenes la obra de
Tolkien. No solo son horas de impecables efectos especiales y acción que
mantiene despierto al público, pues hay un argumento que no busca caer en el
camino fácil en las películas de su género; enriquecido con un trabajo
artístico minucioso que pinta con trazados finos donde muchos usarían la brocha
gorda.
Hace diez años, luego de quedar fascinado por las dos
primeras adaptaciones exhibidas hasta entonces vistas en VHS; me dio por indagar
en los tres libros que conforman El Señor de los Anillos. Con dinero en mano
entré en una librería con la fe de encontrar La Comunidad del Anillo, Las
Dos Torres y El Retorno del Rey, pero en el estante en el que usualmente se
ponían para vender solo quedaba un libro el cual no había escuchado mentar
escrito también por Tolkien: El Hobbit. Lejos de decepcionarme por no
encontrar la publicitada trilogía me llevé el ese libro con un precio que hoy
sería de risa. Hasta hoy y siempre agradezco haberlo encontrado antes de los
tres conocidos volúmenes que se mercadeaban con las imágenes de la película
(propiedad de New Line Cinema entonces) , a diferencia de las ediciones que
tenían en su portada el arte de Allan Lee y John Howe como la edición de El
Hobbit que conseguí entonces.
Fue una fortuna que leyera El Hobbit antes que El Señor
de los Anillos, pues es en realidad el volumen con el que empieza toda la
historia entorno al Anillo. Posteriormente de conseguir y leer el resto de las
obras di con otro libro de Tolkien, El Silmarillion; publicado de manera
póstuma por su hijo Christopher. Es una recopilación de muchos apuntes los
cuales detallan minuciosamente los orígenes de y los mitos de la Tierra Media
mucho antes de los sucesos en los que toma parte tanto Bilbo como Frodo Bolsón.
Era época de mis últimos años de colegio, en los que era bastante usual verme
con un libro en la mano. Algo extraño en ese entonces y más ahora donde los
“smartphones” tienen el monopolio de atención en los dedos de sus dueños.
Alguien que se salga de esa imagen puede ser tachado de raro al igual que Bilbo
Bolsón luego de su primera aventura.
El "tabaco" de Gandalf y los hongos de Radagast es lo que matiza dentro de la Tierra Media.
Y es que ahora luego de pocos años de acumular polvo y
retomar lecturas, tanto pendientes como repetidas, es cuando más aprecio le
tengo a lo que escribió Tolkien. Quien no fue como muchos escritores
charlatanes de fantasía de la actualidad, que se valen más de la mercadotecnia
que del peso de lo que escriben. Tolkien no escribió algo que se haga de la
noche a la mañana, basta con ver los documentales que se encuentran muy fácil enYoutube los cuales tratan de él y El Señor de los Anillos. Detallando todo
que lo influenció como fueron los mitos
nórdicos, incluyendo el trabajo minucioso que fue crear lenguajes propios para
sus personajes. Además de incluir parte de su propia existencia que pesó mucho
creando el entorno de los hobbits. Con los ellos me identifico mucho. Vivo y trabajo
la mayor parte del tiempo fuera de la ciudad en el campo, que es más tranquilo
y limpio al igual que la Comarca donde vive Bilbo y Frodo. Que como ellos uno
cae de excéntrico dentro de su propio pueblo por ser más ratón de biblioteca.
Además de alguna escapada de ocio en algún lado o simplemente tener amigos y
gustos excéntricos.
Hace pocos días fui a ver la adaptación de El Hobbit al
cine. Si he de ser sincero tenía cierta desconfianza al ver de cómo un libro
más pequeño que el volumen más delgado de El Señor de los Anillos le iban
hacer también tres partes, más en plan comercial que artístico. Pero luego de
los 160 minutos de película quedé muy fascinado por el resultado. Si bien hay
minutos donde se deja ver el relleno de más, por otro lado entusiasma como se
hila fino en otros detalles. Como el mundo que concierne a los enanos, las
criaturas tolkianas con más habilidad para los metales, las construcciones
subterráneas y las piedras preciosas. De sus guerras contra los dragones y los
trasgos, además de la notable enemistad y desconfianza con los elfos. Éstos tampoco se quedan atrás pues los personajes de Elrond y Galadriel vuelven aparecer, igual que el hermoso valle de Rivendel.
Detalle aparte es Radagast, colega de Gandalf en la Tierra
Media. Me llama la atención su inclusión dentro de la película ya que en la
obra apenas se menciona y más bien tiene más participación en los otros libros.
De todas maneras es punto a favor ya que con él (al menos conmigo), además del aire tan pintoresco
con el que lo detallan muestra mucho de ese sentimiento ecologista propio de
Tolkien; en cuanto al aprecio de cuanta forma de vida hay por pequeña que sea. Al miedo de
que los fuegos de la industria fueran arrasando poco a poco con lo bueno y
verde del mundo. Como la oscuridad del nigromante lo hace con el Bosque Verde con
el veneno de las acromántulas. Tolkien también por su lado abogaba en el heroísmo
de los más pequeños como los hobbits, no con hazañas extraordinarias sino con
la sabiduría de actos sencillos como dice Gandalf. Bilbo como el más sedentario
de los hobbits, campante fumador de pipa, puede despertar su lado Tuk para
salir de su cómodo agujero olvidando su pañuelo atrás. Temiendo más a una existencia
rutinaria que a los orcos, wargos y dragones.
Pequeño ejemplar de El Hobbit que compré en 2003. Me costó menos de la mitad del precio que se vende ahora.
Había perdido toda esperanza de ver esta película en cine,
pero en eso sale un estado en Facebook de Sala Garbo anunciando el estreno de
esta película en su sala ubicada en el Paseo Colón. La Sala Garbo es el único
reducto de cine independiente que se mantiene activo en el país, el cual ya se
va avasallando a los multicines de los centros comerciales del Área Metropolitana.
No la conocía hasta éste domingo que fui en la tanda de 4pm, lluvia incluida en
compañía de dos colegas. La entrada es relativamente cara, pero es entendible tratándose
de que las películas que se exhiben son de una alta calidad artística.
Sala Garbo no es muy grande, pero es acogedora y cómoda.
Ideal para un tipo de películas ajenas al gusto y entendimiento de los “comepalomitas”
que hacen fila en las boleterías para ver la cinta de su héroe de historieta
favorito. Fue bueno esperar más de un año a su estreno para ver “El Árbol de la
Vida” en pantalla grande dentro Sala Garbo, pues en el resto de cines del Área
Metropolitana la audiencia hubiera vaciado la sala a la media hora de película;
como cuando pasó en su estreno en EE.UU. y Europa en las salas comerciales.
Donde la mayoría de público esperaba ver “la última de Brad Pitt” y no la
última de Terrence Malick.
Lejos de ese público necio de esos que pasan pasando
mensajes y contestando llamadas durante la película o del que se comporta como
si estuviera en un circo, la Sala Garbo en cambio tiene un público interesante
y particular. Como alguien que frecuenta raras veces el Valle Central me llamó
la atención ver una película en la misma sala en la que están gente conocida del
acontecer cultural del país, incluso políticos como el ex diputado de Frente
Amplio José Merino. El buen ambiente es garantizado para quienes vamos a ver
películas con la misma solemnidad con la que un santulón va a la iglesia.
De “El Árbol de la Vida” no hay que decir mucho, pues ya la he divagado de sobra en este sitio anteriormente. Es de las cintas que ponen en
perspectiva la existencia y que a uno lo hacen sentir mejor persona, pese en
ocasiones se es lo contrario. Terrence Malick va muy apegado a su estilo
panteísta de hacer películas, con diálogos introspectivos e imágenes visuales muy
propias de él, junto con algunas otras que recuerdan a lo más evocador de Kubrick
o Tarkovsky. Malick desde sus comienzos con “Malas Tierras” en 1973 ya trabaja virtuosamente
la fotografía de una forma muy original. Eso va a quienes quieren bajar de
categoría a un cineasta injustamente infravalorado, quizás por su atípico carácter
de no querer figurar en los medios. Para trascender Terrence Malick ha
demostrado que lo bueno no ocupa mucha publicidad.
Realidad más allá de la ficción. Pasó con John Hinckey Jr.
tras ver Taxi Driver y Mark Chapman leyendo a Salinger, ahora pasa
recientemente en este fin de semana en una sala donde se proyecta la última
película de Batman; curiosamente cuando se cumple casi un año de la masacre de Anders Brevik en Noruega. Es inevitable evitar identificarnos con algún personaje de
película, libro o historieta como es el caso; el cual puede incidir positiva o
negativamente pero no de la noche a la mañana. Hay que tomar en cuenta una rara
y larga cadena de eventos y factores que va rayando poco a poco nuestro acetato
interno, esperando algo o alguien que de un empujoncito para desencadenar
nuestra demencia interior. Quien haya visto Falling Down (1993), cinta en que
se ve a un Michael Douglas desquiciándose progresivamente sabrá de lo que me
refiero.
Yo no fui de esos que creció con comics y consolas de video
juegos, aunque de todos esos súper héroes que se ponen la ropa interior a fuera
de los pantalones Batman fue el único que ganó mi simpatía. Muy vívida la vez
en que en que vi el Batman de Tim Burton con Jack Nicholson haciendo de Guasón
por TV. Desde entonces me ha fascinado esa imagen solitaria de un alguien que
se abriga de noche como una gárgola (al igual que otros personajes menos
mediáticos y que desconozco), frente a esos “héroes” más coloridos que se paran
en lo alto de un edificio a la luz del sol para que todos los vean. A pesar de
eso al final llegué a encasillar a Batman un personaje obvio de los buenos que
le da el merecido a los malosos.
No me hecho de rogar con las películas de Christopher Nolan
y espero ver esta última dentro de una semana o dos. Noto en éstas últimas cintas
un mensaje tan realista como descorazonador, echando a tierra la imagen de
buenos y malos que suelen recaer en la obviedad de los héroes y villanos. Esta
trilogía es más nihilista, busca desengañarnos que no hay bien y mal tanto en
ese mundillo de las historietas como la vida a carne y hueso sobretodo. Pese a
estar en el bando de los buenos, Batman
realiza actos cuestionables como de los villanos a los que combate. No abandona
del todo eso sí el mensaje moralmente correcto, aunque el evangelio que predica
Ra As Gul, El Guasón y Bane tiene un volumen más fuerte. Es el Guasón de Heath
Ledger que muestra lo peor e inquietante del ser humano, con esas líneas que
comparte con Harvey Dent “Dos Caras” en el Caballero Oscuro en la que lo termina de corromper.
Uno si es lúcido de mente asimilará adecuadamente esas
divagaciones y contradicciones que giran alrededor de los personajes, pero si
se es alguien mentalmente desequilibrado corre el riesgo de tomarse los
diálogos del Guasón al pie de la letra, sin olvidar esa compleja cadena de
factores que terminan de encender la mecha como se mencionó atrás. De mi parte
no niego que la cultura armamentista de los EE.UU. incidiera en tragedias como
ésta. Aunque veo que este asunto más de salud mental que de regulaciones o leyes
duras contra las armas, pues como las drogas ilegales siempre se conseguirán por más prohibidas que sean. Vivimos en una sociedad psicológicamente desgastante,
en la que si no encontramos los canalizadores adecuados es posible que pasen
estas cosas. Aún en un país relativamente tranquilo como en el que vivo, no se
queda al margen de muchos psicópatas potenciales que están ahí dormidos inconscientemente.
Pobre de aquellos que por azar de la casualidad tengan la mala suerte de
encontrarse alguno de frente.
“Tuve de pronto la visión de Dean, como un ángel ardiente y terrible que palpitaba hacia mí a través de la carretera, acercándose como una nube, a enorme velocidad, persiguiéndome por la pradera como el Mensajero de la Muerte y echándose sobre mí. Vi su cara extendiéndose sobre las llanuras, un rostro que expresaba determinación férrea, loca y los ojos soltando chispas; vi sus alas; vi su destartalado coche soltando chispas y llamas por todas partes; vi el sendero abrazado que dejaba a su paso; hasta lo vi abriéndose paso a través de los sembrados, la ciudades, derribando puentes, secando ríos. Era como la ira dirigiéndose al Oeste. Comprendí que Dean había enloquecido una vez más. No existía la más mínima posibilidad de que mandara dinero a ninguna de sus dos mujeres pues para comprar el coche tenía que haber sacado todos los ahorros que tenía en el banco. Era el gran cataclismo. A su espalda humeaban achicharradas ruinas. Corría de nuevo hacia el Oeste atravesando el agitado y terrible continente, y llegaría enseguida”
Pasaron los Oscars y este servidor (que estos meses de época seca en el trópico se dedica a recoger la materia prima con la que Starbucks trabaja para vender sus exclusivos locales), apenas se dignó de ver como dos películas de las nueve que postularon en la mejor categoría más el evento en cuestión. La verdad que ha sido el año en que he perdido el poco respeto y credibilidad que tenía al Oscar, que ya me convenció en definitiva que premia el padrinazgo y la adulación (más alguna rara excepción).
A pesar de estar hasta el copete de brete (tanto estacional como particular y propio) quiero aprovechar estos instantes nocturnos que tengo libre para hacer otra especie de decálogo, el cual enliste los pasos con los que personas con trabajo delante y detrás de cámara puedan seguir si algún día tengan la esperanza de levantar esa estatuilla del viejo calvo y pelón mientras leen un discurso prefabricado.Tomen nota:
Seas gringo o del resto del mundo debes tener claro que a pesar que peregrines con tu película por festivales en todo el mundo, no serás nadie para la Academia a no ser que te prostituyas por una módica suma a los productores californianos. Para que distribuyan tu película sin que veas un dólar a cambio y se queden con toda la ganancia. De ahí en adelante esos magnates harán campaña para ti previo a la gala del último domingo de febrero.
Para que te nominen o ganes en los Oscar no debes ser mejor que tus colegas en el trabajo que hagas dentro de una película. Tienes que compartir industria, crew, productores ejecutivos e incluso sinagoga. Ésta última aunque no parezca puede incidir mucho. A todos ellos debes adularlos y caerles bien más si tienen voto para el Oscar.
No me juzguen de antisemita con lo anterior, la historia de los Oscar no me deja mentir. Si haces películas con temática alusiva a la Segunda Guerra Mundial, con énfasis al Holocausto Judío tienes la nominación al premio garantizada. Tanto Harvey Weinstein como Steven Spielberg te pueden dar garantía de eso. A pesar que los judíos hoy no sean tan pobrecitos y perseguidos como en la época de Hitler, el Holocausto siempre será tema en Hollywood aún si Israel mantiene a los palestinos hacinados en guetos a los que bombardea sin misericordia. Ya Quentin Tarantino nos mostró como los adoradores de la Estrella de David pueden dejar de sentirse perseguidos, y en cambio no tener reparo en empaparse de la misma sangre de aquellos quienes buscan liquidarlos.
Para que siempre te nominen a un Oscar debes ser Meryl Streep.
Encarnar a dictadores, gobernantes o un políticos autoritarios es nominación garantizada, medio paso para alzar el Oscar. Eso debió pensar Meryl Streep hace tiempo para no esperar 30 años de su último premio.
Algo que cae de puta madre a Hollywood y sus peces gordos son películas alusivas a su industria. Que les glorifique y les remita nostalgia como lo fueron por ejemplo esos despampanantes años veintes donde el jolgorio y el glamour (gesto vomitivo del autor) reinaban dentro de cámaras y en las alfombras rojas. Eso antes que se viniera el crack financiero de Wall Street de 1929, que terminó por suicidar a más de inversionista que no encontró en los bailes y las sonrisas de Fred Astaire o Ginger Rogers el escapismo que sació embelesados a muchos durante esos difíciles años de la Gran Depresión. Que lo digan los creadores de The Artist, cuyo director apenas ha hecho cuatro películas en su carrera, tres comedias con dos parodiando a James Bond. Así se gana un Oscar sin ser parte de la argolla.
Por lo general gente como Terrence Malick nada tienen que hacer por en las alfombras rojas, a las que Sasha Baron-Cohen llena de ceniza disfrazado de Gadaffi. Por eso nunca va aún si de casualidad es nominando. Por más que tenga a Brad Pitt como protagonista, el ritmo pausado y meditativo de sus películas causa cabeceos y bostezos en la Academia como igual pasó en 1968 cuando un tal Stanley Kubrick exhibió una lentísima y extraña película llamada 2001 Odisea Espacial. Ahí tiene Malick a Europa que no se aburre con sus divagaciones panteístas sobre la existencia y el cosmos. Hasta Woody Allen no iría a tocar el clarinete los domingos con de pasar por la alfombra roja de Cannes.
La Academia por lo general no premia las mejores películas de sus autores. Estos a veces suelen quedar perplejos por recibir en avanzada edad la ansiada estatuilla por una película que sea mediocre para ellos, comparada con una obra maestra que hicieran décadas atrás. Más por acto de compensar injusticias pasadas que por mérito. Quizá eso pensaría Martin Scorsese al premiársele por dirigir un refrito de una película asiática. Así que no pierdas fe si te nominan eternamente y no ganas. Siempre quedará el Oscar Honorífico, sino que lo diga Peter O´Toole.
La mafia tiene mucho peso dentro de la Academia, que lo diga la nepotista familia Coppola. Su padrino Don Francis ha clavado cimientos profundos en Hollywood para que sus hijos Sofía y Roman (y de más prole con o sin el apellido Coppola) no dejen de rodearse de importantes influencias y personalidades para que les faciliten el éxito a la hora de hacer películas. Sin jamás sudar en encontrar financiación y distribución para sus trabajos, como si tienen que hacerlo muchos anónimos cineastas independientes. Esos que a duras penas logran llegar a Sundance para vender los derechos de distribución en ganga a Fox Searchlight o Focus Features. A la larga para la Familia puede que rinda fruto con varios Oscars a futuro.
Para ganar un Oscar filma películas sin esperar nada a cambio, por pura pasión. Con la mayor destreza e ingenio que poseas. Amparándote en los recursos que tengas. Con propuestas honestas y originales, sin buscar autobombos o caer bien a colegas y productores. Puede que siguiendo este punto a la de menos ganes el premio sin polémica, aunque con una probabilidad de 0,00000000000001% si hay otros que siguen los otros nueve pasos anteriores.
Sea para quienes no tenemos un cine a pocos minutos de nuestra casa, o bien no tengamos un videoclub con películas con decente calidad tanto en imagen como en variedad de títulos el Internet es el único lugar donde podemos encontrar cintas de nuestro interés. Duela o incomode a tradicionalistas, los cinéfilos del siglo XXI ya somos más de ver en la pantalla 16:9 de nuestra laptop que de hacer fila en las taquillas de los multicines. En mi caso cómodamente en un sillón o en la cama, a la par de un litro de cerveza o un vaso de whisky entre hielos. Soy más etílico que palomitero a la hora de ver películas.
Gracias a los torrents y a los servidores de descarga directa como Rapidshare, Fileserve, el recién clausurado Megaupload entre otros pude acceder (además de títulos conocidos de Hollywood) a las filmografías desde Chaplin, Hitchcock, Bergman, la Nouvelle Vague francesa, clásicos a blanco y negro o tecnicolor a películas de diversas partes mundo, de aire underground e independiente y otros buenos títulos que salen recientemente los cuales no tienen tanta difusión; que a veces ni llegan a las tiendas de video. Ese medio ha sido nuestra cinemateca, de lo contrario hubiera sido difícil y costoso acceder a esas películas que se empolvan en estantes o caen en el olvido tras estrenarse en festivales.
Ante la polémica de la Ley SOPA, el gobierno norteamericano está tomando prácticas orwelianas para clausurar esos portales en pos de los derechos de autor (o más bien de franquicia). Ya que esos sitios evitan tanto a casas disqueras como productoras cinematográfica a seguir ganando más dinero del que les ingresa. Tanto proveedores como usuarios de esos portales de Internet ahora figuramos como nuevos enemigos públicos, pese a que a criminales de cuello blanco como los que generaron la crisis inmobiliaria que se propagó por el mundo aún siguen sueltos e impunes bronceándose en alguna isla del Caribe o del Pacífico Sur.
La verdad no soy de los que buscan vivir lucrando con la piratería de películas como de seguro lo haría Jack Sparrow hoy. En gran parte pues que el gusto no es de mayorías y en mi caso soy más de organizar tandas cinéfilas con amigos o en solitario que andar por la calle vendiendo DVD’s de mala calidad. Si tengo afición por algún cineasta o una película en particular no me duele desembolsar dinero por algún DVD original como acto de veneración al cineasta por su trabajo y también consideración a la industria local, aunque dure más de un año en lanzar un DVD tras el estreno de una película nacional. Algo pesa la conciencia.
La gradería de sol de la cinefilia se ve afectada por estas medidas que se hacen llamar preventivas, pero que sería un paso importante para totalizar el Internet. No sé los críticos o entendidos a sueldo que no tienen que preocuparse por sus pases de cortesía o descuentos en los videoclubes, pero el cinéfilo 2.0 está por entrar en una época oscurantista donde el conocimiento está siendo más restringido y privatizado. En estos momentos se está peleando una guerra encarnizada en Internet por parte del grupo Anonymous contra las webs gubernamentales que nos quieren recetar su SOPA. Hace más de un año no era tan dependiente de las redes sociales comparado a hoy, hace cinco el Internet no me era tan primordial y ver ahora.
Recomiendo una interesante entrada que me encontré de una cinéfila 2.0 en donde hace una buena analogía del tema. Todo esto está dando para hilar fino.
Generalmente tanto críticos como blogs peliculeros a los que suelo ojear suelen hacer a esta altura del mes una especie de recuento de las mejores películas que vieron, llámense top 10 o lo que sea. Habitualmentese incluyen películas hechas o estrenadas en el presente año, pero yo que cada día pierdo respeto hacia todo me voy a saltar la norma. No soy muy purista en ver películas estrictamente en salas de proyección. Por mi ubicación geográfica no tengo el lujo de ir al cine con regularidad. Aún así no soy de ver películas como auto encargo según lo estipule la cartelera o los entendidos a sueldo, salvo aquellas que me despierten curiosidad por gente y enlaces que me encuentro en redes sociales. En el transcurso de esta semana he ido ennumerando lo destacado sin orden o calificación, parte de lo que me encontré en multicines, en DVD´s o torrents este 2011 a punto de terminar.
El Mismo Amor, la Misma Lluvia de Juan José Campanella (Argentina, 1999)
Unos amigos me la trajeron de Argentina Junto con el DVD de “El Secreto de tus Ojos”. Una historia romántica que abarca varios años entre la época de la dictadura de Videla hasta el presente de entonces. Ricardo Darín interpreta a un escritor que trabaja para una revista de actualidad el cual tiene varios encuentros con Laura (Soledad Villamil), una camarera ennoviada con alguien que nunca vemos. En cada encuentro promete una buena relación, aunque suele terminar deteriorándose. Así transcurre la película junto a un entrañable reparto secundario que tiene sus altos y bajos al igual que el escritor que interpreta Ricardo Darín.
Somewhere de Sofía Coppola (Estados Unidos, 2011)
Luego de la empalagada dulzona que dio su anterior película (María Antonieta), Sofia Coppola se redime con parte de su público con una cinta que no abandona su tendencia pero donde se encuentra más sinceridad. Vemos el día a día de un actor de blockbusters (Stephen Dorff), quien entre películas y parrandas también es un padre de domingo. Fuera de cámaras y focos resulta alguien común el cual como muchos busca placeres mundanos, aunque es su hija Cleo (Elle Fanning) quien de verdad brinda sentido a su existencia. Bostezo para los que se impresionan fácil. La cotidianidad no suele ser rentable salvo para minorías.
Inception de Christopher Nolan (Estados Unidos, 2010)
Este dandi inglés se ha taladrado bien en la industria con películas muy rentables comercialmente, pero que no pierden calidad artística y profundidad con el argumento. El ritmo tan vertiginoso con el que va la película hace que no haya aburrimiento en las casi dos horas y media que dura. En una guerra de espionaje corporativo un extractor de sueños exiliado por la justicia busca comprar su perdón, aceptando la difícil misión de implantar una idea en el inconsciente un joven empresario. Cobb (Leonardo Dicaprio) no lo tendrá fácil al tener presente la proyección de su fallecida esposa, la cual no perderá momento de sabotear sus misiones. Reparto de lujo que se presta para una película de acción que va más allá de pasar el rato.
Into the Wild de Sean Penn (Estados Unidos, 2007)
Sean Penn no suele pasar mucho rato trabajando detrás de cámaras, pero cuando lo hace no me deja indiferente, en especial a este servidor que se deja seducir por las películas de carretera. Dentro de la tendencia de las road movies podríamos consagrar a Into the Wild a la altura de clásicos como Easy Rider (1969). Con una historia verídica en la que un prometedor yuppie en potencia decide renunciar a su nombre y al materialismo hipócrita, para hacer camino por su propia cuenta saboreando las palabras de Jack London y Boris Pasternak entre otros. Deleite de paisajes que son los últimos vestigios de la Norteamérica rural que ya va desapareciendo y privatizando todo. Memorable también la música y las letras de las canciones de Eddie Vedder que se escuchan de fondo, que plasman la esencia y la sinceridad de esta película.
El Día de la Bestia de Alex de la Iglesia (España, 1995)
Hace más diez años durante mi oscurantista infancia marcada por la religión impuesta y sus prejuicios, veía un comercial donde anunciaban esta película. Visualizando estereotipados signos de satanismo cambié inmediatamente de canal. Jamás me imaginé que esa película un día me haría explotar de la risa con la rocambolesca misión de un cura en pos de evitar el nacimiento del anticristo. Sobra el humor negro y las situaciones insólitas por las que pasan unos personajes extravagantes como así los crea el bilbaíno Alex de la Iglesia. Espero hacer campo en la agenda para ver pronto “Balada Triste de Trompeta”.
Agua Fría de Mar de Paz Fábrega (Costa Rica, 2008)
Una niña y su familia veranean en la playa del parque Marino Ballena en el Pacífico Sur costarricense, aún verde e idílica de mega proyectos turísticos y demás pedos de cemento como los que proliferan en el soleado y seco Pacífico Norte guanacasteco. Paralela a la historia de la niña una muchacha vacaciona cerca de ahí, aunque lidia con el sutil distanciamiento de su novio quien tiene la mente enfocada en otras cosas. A segundas vistas reconozco que si se pasa de ambigua, pero igual defiendo ese estilo y tendencia que tienen algunos cineastas de hacer sus películas de manera que exija al espectador a divagar en el argumento. Que no solo este se limite a comer palomitas y película que le diga toda la historia o siga rígidos órdenes de estructuración.
Control de Anton Corbijn (Reino Unido, 2007)
Por películas suelo incursionar en nuevos gustos musicales, en este caso Control me llevó a Joy Division. Es la biografía en monocromo de su emblemático vocalista Ian Curtis, quien padeció epilepsia más de una vez en conciertos en vivo; además de reiteradas depresiones y bajos estados de ánimo a los cuales canalizó en la música. Esta película en particular busca con su ambiente a que el espectador perciba ese nihilismo tan existencial, que llenó las letras de las canciones de Joy División en los pocos años que tocaron juntos y que desde entonces sigue influyendo en la música y en vida en general.
El Infierno de Luis Estrada (México, 2010)
Quizá la película más descorazonadora que he visto en el año. Luego de criticar con humor la corrupción en La Ley de Herodes (1999), señalar las contradicciones del capitalismo salvaje con Un Mundo Maravilloso (2006) Luis Estrada se junta por tercera vez con Damián Alcázar para entrar en las violentas guerras transfronterizas del narcotráfico que asolan sin piedad entre los mexicanos. Un monstro de muchas cabezas al que cada día se hace más fuerte, gracias a la complicidad de gobiernos (corruptos hasta las entrañas) que ven muy rentable esta guerra de terror a pesar que digan que le están siendo frente. Una tragicomedia de un mexicano que vuelve a su país desde los EE.UU. luego de muchos años para ver su tierra peor antes. No le quedará más remedio que ser un matón más de los poderosos capos de la droga que son los que en realidad mueven los hilos de poder. Un retrato fiel de lo que pasa hoy en México mientras se esparce entre los territorios vecinos.
Caótica Ana de Julio Medem (España, 2007)
Ana (Manuela Vellez) vive con su padre en el más clásico estilo de las comunas hippies en una cueva cerca del mar. Una mecenas ve su notable talento con la pintura y la invita a vivir a Madrid en un instituto donde patrocina a jóvenes dotados artísticamente como ella. A medida que va conociendo gente en un frenesí emocional, un joven hipnotizador ve en Ana la reencarnación de jóvenes mujeres que murieron de forma violenta en diferentes épocas de la historia. Es una especie de fábula feminista ante la lucha de un pasado y presente con hombres de mentalidad patriarcal, los cuales son implacables ante cualquier signo de sublevación femenina. Aunque no es por lo que gira enteramente la película. Interesantes las referencias a la cultura y situación de los Saharauis en Marruecos por la que también gira la película y que gran parte del mundo desconoce.
Los Colores de la Montaña de Carlos Cesar Arbeláez (Panamá-Colombia, 2010)
Entrañable película que me recuerda un poco a la iraquí “Las Tortugas También Vuelan”, por girar alrededor de niños. Ambientada en la Colombia rural que se disputan la guerrilla y los paramilitares, en un enfrentamiento a fuego cruzado en la que la gente siempre queda de por medio. Ante la potencial amenaza de secuestros y escaramuzas, Manuel sueña con ser portero al que de momento se divierte con sus amigos con su pelota nueva. Hasta que esta cae en un campo minado al que no pueden entrar. El miedo cunde entre la población, la cual es obligada a desplazarse. Por lo que poco a poco se van yendo los amigos de Manuel, hasta que el mismo está en la misma situación. No duró ni una semana en los cines de mi país, ahí estará para los que no sientan pereza de per cintas sin caras conocidas y en su propio idioma.
Memorias del Subdesarrollo de Tomás Gutiérrez Alea (Cuba, 1968)
Creo que a partir de esta película quizá tenga un poco de mejor apreciación al régimen castrista, pues no me imagino que algo tan contestatario al régimen se haya estrenado y sobrevivido para contar el cuento. Quién sabe, aunque faltas no faltaron para censurar una película que toca con sal a las llagas. Experimental y muy francesa en su estilo por el pleno apogeo de la Nouvelle Vague, se trata de un hombre de clase alta que a diferencia de sus aburguesados amigos y familiares que ven en ese entonces a Miami como su nueva tierra prometida; decide quedarse en la Cuba socialista como una especie de venganza personal contra la clase alta a la que pertenece. Aunque tampoco se ve calzar dentro del estilo de vida comunista que predicaba de Fidel Castro. Si alguien quiere entender lo que es el tercermundismo latinoamericano esta película lo explica, gracias a las contestatarias divagaciones de Sergio sobre un estilo de vida estancado y que no se supera con el pasar del tiempo; independientemente del gobernante o caudillo que mande en un país. En Memorias del Subdesarrollo nadie salva de alguna indirecta.
Zerkalo de Andrei Tarkovski (URSS, 1974)
La filmografía de este ucraniano ya es de por sí legendaria, pero esta película es de sus propuestas más experimentales tanto en argumento como en lo visual. Lienzos oníricos montados en celuloide de una historia compleja y existencial, que ante cualquier mínima distracción fácilmente se pierde el hilo del argumento. Tarkovski con El Espejo (su título en español) no se rige por las linealidades, para seguir en cambio una lógica visual propia de los sueños que tenemos en la noche como ya la había descrito en otra película visualmente sugestiva. Las tonalidades sepia, magenta, gris o color van marcando pauta en esta enigmática película de Andrei Tarkovski. Técnica también habitual en otras de sus buenas películas, aunque no tan arriesgadas como ésta.
Mr. Nobody de Jaco Van Dormael (Bélgica-Francia-Alemania-Canada, 2009)
Entre muchos entendidos tanto a sueldo como ad honorem no gustó tanto. Yo que cada vez me vuelvo más irracional al ver películas me supo bien y me tuvo la mente en vilo en todo el rato que duró y mucho después de digerir los créditos finales. Muy europea con un reparto de lujo por el cual muchos productores desearían para sus blockbusters. Vemos en más de las dos horas que dura las mil y una vidas de Nemo Nobody (Jaded Leto), en la cual pasa por giros vertiginosos aún por lo insignificantes que sean sus acciones o decisiones. Creo que a más de un espectador no le resultó indiferente este aspecto de la película con la vida personal de cada uno. La verdad yo me voy más por ahí que por desmenuzar esta película en tubos de ensayo.
These is England de Shane Meadows (Reino Unido, 2007)
Retrato fiel de la enferma y decadente sociedad británica de los años ochentas en los cuales predominaron las políticas impopulares de Margareth Tatcher, la guerra de las Malvinas y el movimiento Punk entre los jóvenes que transmutó gracias a esos problemas sociales en el violento hooliganismo. Reflejado tanto en estadios de futbol como en las calles, siendo las minorías étnicas y emigrantes lo que lo pasaron más mal. Vemos aquí a un chico desadaptado en la sociedad, cuyo padre murió en la guerra encontrar espacio en una alegre pandilla de punks; pero al aparecer en escena un xenofóbico hooligan salido de la cárcel las cosas van cambiando de cause. De la película salió una continuación a modo de miniserie titulada These is England 86, alusivo quizá al campeonato mundial de ese año. No la he visto, aunque he de imaginarme la cara de los furibundos personajes al ver al Maradona driblar del equipo inglés como conos de entrenamiento.
El Regreso de Hernán Jiménez (Costa Rica, 2011)
En estos últimos cinco años el cine de mi país ha venido despuntando en cantidad de películas realizadas. Si antes había que esperar años para saber de alguna, hoy se puede jactar de haber estrenado por lo menos cuatro este año. Pero es quizá está última película de Hernán Jiménez la que se tenga presente por mucho tiempo. Sorpresivamente financiada por el público, este no se vio defraudado por una historia palpable y honesta de un muchacho que regresa al país luego de varios años el cual encuentra el ambiente más caótico que cuando lo dejó. Quien quiera darse una imagen real de lo que es Costa Rica, sin caer en los estereotipos tercermundistas de las “Banana Republic” recomiendo esta película. Pues más que retratar a una sociedad va más en enfocar a la gente en sí con sus tristezas y alegrías. Sin mencionar al memorable personaje de César el Metalero, quien transmite alma y visceral sinceridad a esta película.
Rango de Gore Verbinsky (Estados Unidos, 2011)
Hace poco tiré pedradas a la industria animada de Disney y su engañada concepción de mundo. Tras ver este y otros animados ya hechos digitalmente, puedo afirmar que me siento optimista con el futuro de este tipo de películas. Más críticas, mejor argumentadas, divertidas incluso y sobre todo ya no se escuchan las cansinas cantaletas de lo felices que son todos. Rango es una lagartija que termina en un árido pueblo del oeste en el que viven aves, roedores y reptiles, en una visión muy crepuscular. El lugar está asolado por sequía que tiene en vilo a la población animal por la amenaza de la falta de agua, ante la impasibilidad de un corrupto alcalde. Inspirado en una figura alusiva a Clint Eastwood, Rango pasa de ser la pusilánime lagartija atolondrada al defensor que hace frente a los bandidos. En definitiva las películas animadas año con año se van superando.
Españistán de Aleix Saló (España, 2011)
Es un cortometraje animado el cual explica sin mucho aspaviento académico el cómo se ha dado la Crisis Inmobiliaria en España, la cual ha dejado sin empleo a más de 4 millones de personas. El nombre es alusivo al estereotipo de los países árabes en vías de desarrollo, cultura arraigada ibéricamente a pesar lo que digan los sectores más xenofóbicos de la península. El corto trata de dar explicación en seis minutos aproximadamente en cómo el gasto y el endeudamiento desmedido condenan de por vida a la persona que se enganchó tan fácilmente del espejismo de bonanza, sufriendo hoy el acoso de los desahucios.
The Tree of Life de Terrence Malick (Estados Unidos, 2011)
Hay gente que hace películas todos los años sin llegar a mostrar gran cosa. Terrence Malick en cambio no se anda de autobombos y demás alusiones mediáticas para realizar sin mucha prisa parte de las mejores películas que hayan hecho. Un trabajo visualmente perfecto que divaga en la existencia, el universo y en la religión que termina por ser un amigo imaginario más para la mayoría del mundo. Idea hueca e inerte en la que encomendamos toda nuestra fe sin recibir ninguna respuesta. La mejor película que he visto y no solo de este año.
Nostalgia de la Luz de Patricio Guzmán (Chile, 2011)
Documental que medita sobre el universo y la memoria histórica chilena. El desierto de Atacama es un lugar ideal para los astrónomos mediante un complejo de radios y telescopios que adentran su alcance entre la infinita oscuridad cósmica para el estudio de los cuerpos celestes. En la época de la dictadura de Pinochet también fue ideal aunque para desaparecer a la gente. Hoy mientras científicos de todo el mundo miran arriba para encontrar datos sobre el origen del universo, otros escarban las áridas tierras del desierto para encontrar a sus familiares desaparecidos. Se ve la gran paradoja que entre más reciente es la historia, más renuente es mirarla. Contrario a la milenaria edad de planetas y estrellas cuya luz llega a La Tierra aunque ya hayan dejado de existir.
Another Earth de Mike Cahill (Estados Unidos, 2011)
Una de las buenas y raras películas que salen al año y que no tienen mucha difusión, excepto para sitios o blogs con buen gusto para curiosear películas. Batallé endemoniadamente para encontrarla, tras estrenarse a principios del 2011 en Sundance. Trata de una prometedora joven en la que una noche de parranda por la celebración por su admisión al MIT como física, ocasiona un accidente con secuelas profundas para un prometedor músico. Eso cuando al mismo tiempo un extraño fenómeno espacial ocurre en el cual tanto La Tierra como La Luna se duplican. Al salir de la cárcel Rhoda (Britt Marling) trabaja como conserje y trata de enmendar su culpa. Ciencia ficción con sabor existencial como gusta a pocos que no se dejan embelesar por los efectos especiales.
Melancholia de Lars Von Trier (Dinamarca, 2011)
El egocéntrico y siempre enfermo de déficit atencional de Lars Von Trier tiene algo a su favor, en que a pesar de cagarla constantemente con lo que dice cuando estrena sus películas éstas le salvan parte del mandado. En su segundo intento de emular y superar a Andrei Tarkovski (al que esta vez no le vi dedicatoria en los créditos), nos da una película en la cual se centra en la figura de dos mujeres. Justine (Kirsten Dust) quien tras su fallido casamiento sufre de una depresión que viene arrastrando tiempo atrás y su hermana Claire (Charlotte Gainsburg) con su paranoia al misterioso planeta Melancholia que amenaza con cruzarse con la órbita terrestre. Fue un gran año para las películas con referencias al cosmos desde un punto de vista existencial. Melancholia al igual que El Árbol de la Vida, La Otra Tierra e incluso el documental de Nostalgia de la Luz coronan un 2011 que fue al infinito y más allá.
Así lo dice Joaquín Sabina y lo creo yo. No hace mucho me compartieron vía Facebook, entre noticias o videos musicales a los que uno usualmente da "Me Gusta", un extracto de un documental sobre los estereotipos y los valores que pregonan las películas clásicas de la franquicia Disney. Uno de niño jamás se imagina que una inofensiva película infantil sirva y forme parte de una inmensa maquinaria de propaganda, pero así lo han empleado los régimenes totalitarios de cualquier color político. Me quedo erizado con el mensaje inconciente que transmite "La Bella y la Bestia" como lo explican acá, ni qué decir de los estereotipos racistas y etnicos que eran comunes en los animados. Uno de chico creció con una imagen idealizada de Walt Disney como el hombrecillo sonriente que hacía dibujos animados por amor a los niños, aunque la otra historia que uno tarde o temprano se llega a enterar es que este hombrecillo de bigote profesaba amor al dinero y al Nazismo. Otra cuestión que no figura es que sus historias jamás salieron de su imaginación, sino del plagio a los cuentos europeos. Verdaderos relatos de terror adaptados para niños.
Este es un mes en el que los canales de TV transmiten las mil y una versiones de "Cuento de Navidad" y que se desempolvan de las videoteclas más de un clásico animado, donde todos los personajes brincan y cantan felices. De mi parte y aunque me tilden de Grinch hoy veo que la navidad es algo que sirve para mantener las apariencias con los familiares o conocidos, mientras se hace alarde del materialismo. No luce que alguien como yo en medio trópico ponga escarcha falsa para que adorne un árbol navideño de plástico. Resumo como lo comentó una amiga en ese enlace compartido.
"Llámenme alarmista o resentida pero yo jamás jugué con barbies y la única película de Disney que vi completa en mi infancia fue el rey León, aprendí a caminar con tacones a los 23 años, todavía no se maquillarme y no creo ser el monstruo o la bruja malvada de alguna de esas películas, pero sostengo firmemente que mientras una persona siga creyendo que el mayor regalo una nena es una barbie (entre más rubia, flaca y más rosada mejor), para un nene una pistola lanzadora de miles de balas, en que se debe tener paciencia porque dios proveerá, que algún día llegará el príncipe azul o la princesa modelo las cosas seguirán camino al carajo"
No hace mucho decidí repasar lo que me hacía falta ver por parte de Woody Allen. Me encontré títulos que no figuran como director aunque sí toma mucha parte sea actuando o escribiendo.He de recopilar algunas películas que rompen bastante con el reciente e incendiario decálogo publiqué no hace mucho:
Take the Money and Run (1969)
La película más (groucho) marxista que ha hecho. No se veían entonces grandes pretensiones intelectuales como se verían en futuros trabajos, pero divierte de sobra con un humor entendible para todos los públicos sin ser barato. De las pocas películas donde vemos a Woody Allen interpretando a esos entrañables perdedores que buscan sin mucho entusiasmo su lugar en el mundo, aquí interpretando a un ladronzuelo de poco rango y mala suerte. Suele ser menospreciada por la mayoría incluso por su propio realizador, pero yo la tengo en una especie de altar. La tengo muy por encima de otras cintas que se creen más de lo que son.
Play Again Sam (1972)
Generalmente si uno se suelta llorar en una película es cuando termina, pero aquí me pasó lo contrario. “Sueños de un Seductor” es basada en una obra teatral de Allen, el cual solo se limitó en esta película a escribir el guión y actuar. Es una especie de remembranza a Casablanca, donde Woody Allen interpreta a un torpe personaje el cual aprende a ligar por un Humphrey Bogart alucinado. Como me reí con ese personaje, desde Napoleón Dinamite nunca había visto a alguien tan deprimente y entrañable en una película. Conmueve en su comienzo donde se evoca a los minutos finales de Casablanca, donde el nostálgico personaje de Allen despierta luego de ese sueño que es la película. Ver primero Casablanca antes que esta cinta para entenderla y saborearla.
The Front (1976)
Hay cosas raras en el mundo: un político honesto, un judío pobre y Woody Allen tomando parte en una película de crítica social. En este caso este actor interpreta a alguien quien sirve como tapadera a los escritores y artistas del medio perseguidos por ser comunistas en la Era del Macarthismo. Woody Allen es un dependiente y corredor de apuestas sin convicciones políticas, el cual se va enredando e involucrando con los problemas relacionados a la Caza de Brujas que sufrieron muchos creativos del medio norteamericano; algunos de los cuales son sus amistades dentro de la historia de la película.
En esta película es destacado mencionar la participación de Zero Mostel, quien años antes sufrió en carne propia la persecución a la que fue sometido al testificar ante el infame Comité de Actividades Antiestadounidenses. Si he de ser sincero esta película me quita mucha de la imagen negativa de Woody Allen sobre estos temas, a los cuales pensé que ignoraba por completo.
Broadway Danny Rose (1982)
Sin alejarse de los círculos artísticos, esta vez Woody Allen se enfoca en interpretar a otro de los entrañables perdedores como Danny Rose, un atolondrado representante de figuras artísticas de poca demanda o en decadencia. Echado de lado cuando alguna de sus estrellas repunta y busca a otros que lancen a mejores escenarios. No hay final feliz, salvo por una buena sensación que evita la amargura completa de Danny Rose.
Small Time Crooks (2000)
En la época menos favorita en cuanto a este realizador se refiere, sale una película que si bien no abandona los lujos; hace una buena crítica de las clases altas cuando el ladrón ya envejecido de “Toma el dinero y corre” quiere hacer un último golpe del cual necesita del patrocinio de su esposa; quien es renuente al principio en tomar parte en un negocio de galletas que sirve como tapadera al atraco al banco. El negocio de las galletas resulta exitoso, lo que les da fortuna a los ladrones convirtiéndolos en nuevos ricos. Por la vía mala entenderán que tener lujos y rodearse con gente culta o adinerada no lo es todo en la vida.
Me hace gracia que en esta película Woody Allen interpreta quizá a su personaje más inculto, a quien su repentina riqueza no lo termina por seducir a diferencia de su esposa. Me resulta verlo comiendo comida chatarra mientras ve TV, o bien ir a un juego de beisbol en lugar de ir a la opera.