28 de febrero de 2012

Cómo ser nominado y (con suerte) ganar un Oscar



Pasaron los Oscars y este servidor (que estos meses de época seca en el trópico se dedica a recoger la materia prima con la que Starbucks trabaja para vender sus exclusivos locales), apenas se dignó de ver como dos películas de las nueve que postularon en la mejor categoría más el evento en cuestión. La verdad que ha sido el año en que he perdido el poco respeto y credibilidad que tenía al Oscar, que ya me convenció en definitiva que premia el padrinazgo y la adulación (más alguna rara excepción).
A pesar de estar hasta el copete de brete (tanto estacional como particular y propio) quiero aprovechar estos instantes nocturnos que tengo libre para hacer otra especie de decálogo, el cual enliste los pasos con los que personas con trabajo delante y detrás de cámara puedan seguir si algún día tengan la esperanza de levantar esa estatuilla del viejo calvo y pelón mientras leen un discurso prefabricado. Tomen nota:
  1. Seas gringo o del resto del mundo debes tener claro que a pesar que peregrines con tu película por festivales en todo el mundo, no serás nadie para la Academia a no ser que te prostituyas por una módica suma a los productores californianos. Para que distribuyan tu película sin que veas un dólar a cambio y se queden con toda la ganancia. De ahí en adelante esos magnates harán campaña para ti previo a la gala del último domingo de febrero.
  2. Para que te nominen o ganes en los Oscar no debes ser mejor que tus colegas en el trabajo que hagas dentro de una película. Tienes que compartir industria, crew, productores ejecutivos e incluso sinagoga. Ésta última aunque no parezca puede incidir mucho. A todos ellos debes adularlos y caerles bien más si tienen voto para el Oscar.
  3. No me juzguen de antisemita con lo anterior, la historia de los Oscar no me deja mentir. Si haces películas con temática alusiva a la Segunda Guerra Mundial, con énfasis al Holocausto Judío tienes la nominación al premio garantizada. Tanto Harvey Weinstein como Steven Spielberg te pueden dar garantía de eso. A pesar que los judíos hoy no sean tan pobrecitos y perseguidos como en la época de Hitler, el Holocausto siempre será tema en Hollywood aún si Israel mantiene a los palestinos hacinados en guetos a los que bombardea sin misericordia. Ya Quentin Tarantino nos mostró como los adoradores de la Estrella de David pueden dejar de sentirse perseguidos, y en cambio no tener reparo en empaparse de la misma sangre de aquellos quienes buscan liquidarlos.
  4. Para que siempre te nominen a un Oscar debes ser Meryl Streep.
  5. Encarnar a dictadores, gobernantes o un políticos autoritarios es nominación garantizada, medio paso para alzar el Oscar. Eso debió pensar Meryl Streep hace tiempo para no esperar 30 años de su último premio.
  6. Algo que cae de puta madre a Hollywood y sus peces gordos son películas alusivas a su industria. Que les glorifique y les remita nostalgia como lo fueron por ejemplo esos despampanantes años veintes donde el jolgorio y el glamour (gesto vomitivo del autor) reinaban dentro de cámaras y en las alfombras rojas. Eso antes que se viniera el crack financiero de Wall Street de 1929, que terminó por suicidar a más de inversionista que no encontró en los bailes y las sonrisas de Fred Astaire o Ginger Rogers el escapismo que sació embelesados a muchos durante esos difíciles años de la Gran Depresión. Que lo digan los creadores de The Artist, cuyo director apenas ha hecho cuatro películas en su carrera, tres comedias con dos parodiando a James Bond. Así se gana un Oscar sin ser parte de la argolla.
  7. Por lo general gente como Terrence Malick nada tienen que hacer por en las alfombras rojas, a las que Sasha Baron-Cohen llena de ceniza disfrazado de Gadaffi. Por eso nunca va aún si de casualidad es nominando. Por más que tenga a Brad Pitt como protagonista, el ritmo pausado y meditativo de sus películas causa cabeceos y bostezos en la Academia como igual pasó en 1968 cuando un tal Stanley Kubrick exhibió una lentísima y extraña película llamada 2001 Odisea Espacial. Ahí tiene Malick a Europa que no se aburre con sus divagaciones panteístas sobre la existencia y el cosmos. Hasta Woody Allen no iría a tocar el clarinete los domingos con de pasar por la alfombra roja de Cannes.
  8. La Academia por lo general no premia las mejores películas de sus autores. Estos a veces suelen quedar perplejos por recibir en avanzada edad la ansiada estatuilla por una película que sea mediocre para ellos, comparada con una obra maestra que hicieran décadas atrás. Más por acto de compensar injusticias pasadas que por mérito. Quizá eso pensaría Martin Scorsese al premiársele por dirigir un refrito de una película asiática. Así que no pierdas fe si te nominan eternamente y no ganas. Siempre quedará el Oscar Honorífico, sino que lo diga Peter O´Toole.
  9. La mafia tiene mucho peso dentro de la Academia, que lo diga la nepotista familia Coppola. Su padrino Don Francis ha clavado cimientos profundos en Hollywood para que sus hijos Sofía y Roman (y de más prole con o sin el apellido Coppola) no dejen de rodearse de importantes influencias y personalidades para que les faciliten el éxito a la hora de hacer películas. Sin jamás sudar en encontrar financiación y distribución para sus trabajos, como si tienen que hacerlo muchos anónimos cineastas independientes. Esos que a duras penas logran llegar a Sundance para vender los derechos de distribución en ganga a Fox Searchlight o Focus Features. A la larga para la Familia puede que rinda fruto con varios Oscars a futuro.
  10. Para ganar un Oscar filma películas sin esperar nada a cambio, por pura pasión. Con la mayor destreza e ingenio que poseas. Amparándote en los recursos que tengas. Con propuestas honestas y originales, sin buscar autobombos o caer bien a colegas y productores. Puede que siguiendo este punto a la de menos ganes el premio sin polémica, aunque con una probabilidad de 0,00000000000001% si hay otros que siguen los otros nueve pasos anteriores.

19 de enero de 2012

El cinéfilo 2.0 y su crimen contra la (in)humanidad

Sea para quienes no tenemos un cine a pocos minutos de nuestra casa, o bien no tengamos un videoclub con películas con decente calidad tanto en imagen como en variedad de títulos el Internet es el único lugar donde podemos encontrar cintas de nuestro interés. Duela o incomode a tradicionalistas, los cinéfilos del siglo XXI ya somos más de ver en la pantalla 16:9 de nuestra laptop que de hacer fila en las taquillas de los multicines. En mi caso cómodamente en un sillón o en la cama, a la par de un litro de cerveza o un vaso de whisky entre hielos. Soy más etílico que palomitero a la hora de ver películas.

Gracias a los torrents y a los servidores de descarga directa como Rapidshare, Fileserve, el recién clausurado Megaupload entre otros pude acceder (además de títulos conocidos de Hollywood) a las filmografías desde Chaplin, Hitchcock, Bergman, la Nouvelle Vague francesa, clásicos a blanco y negro o tecnicolor a películas de diversas partes mundo, de aire underground e independiente y otros buenos títulos que salen recientemente los cuales no tienen tanta difusión; que a veces ni llegan a las tiendas de video. Ese medio ha sido nuestra cinemateca, de lo contrario hubiera sido difícil y costoso acceder a esas películas que se empolvan en estantes o caen en el olvido tras estrenarse en festivales.

Ante la polémica de la Ley SOPA, el gobierno norteamericano está tomando prácticas orwelianas para clausurar esos portales en pos de los derechos de autor (o más bien de franquicia). Ya que esos sitios evitan tanto a casas disqueras como productoras cinematográfica a seguir ganando más dinero del que les ingresa. Tanto proveedores como usuarios de esos portales de Internet ahora figuramos como nuevos enemigos públicos, pese a que a criminales de cuello blanco como los que generaron la crisis inmobiliaria que se propagó por el mundo aún siguen sueltos e impunes bronceándose en alguna isla del Caribe o del Pacífico Sur.

La verdad no soy de los que buscan vivir lucrando con la piratería de películas como de seguro lo haría Jack Sparrow hoy. En gran parte pues que el gusto no es de mayorías y en mi caso soy más de organizar tandas cinéfilas con amigos o en solitario que andar por la calle vendiendo DVD’s de mala calidad. Si tengo afición por algún cineasta o una película en particular no me duele desembolsar dinero por algún DVD original como acto de veneración al cineasta por su trabajo y también consideración a la industria local, aunque dure más de un año en lanzar un DVD tras el estreno de una película nacional. Algo pesa la conciencia.

La gradería de sol de la cinefilia se ve afectada por estas medidas que se hacen llamar preventivas, pero que sería un paso importante para totalizar el Internet. No sé los críticos o entendidos a sueldo que no tienen que preocuparse por sus pases de cortesía o descuentos en los videoclubes, pero el cinéfilo 2.0 está por entrar en una época oscurantista donde el conocimiento está siendo más restringido y privatizado. En estos momentos se está peleando una guerra encarnizada en Internet por parte del grupo Anonymous contra las webs gubernamentales que nos quieren recetar su SOPA. Hace más de un año no era tan dependiente de las redes sociales comparado a hoy, hace cinco el Internet no me era tan primordial y ver ahora.

Recomiendo una interesante entrada que me encontré de una cinéfila 2.0 en donde hace una buena analogía del tema. Todo esto está dando para hilar fino.