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| Imagen tomada de http://tweakyourbiz.com |
“Puedes saber el nombre de un pájaro en todos los idiomas del mundo, pero una vez que los aprendiste no sabrás nada acerca de los pájaros. Por lo tanto mira al pájaro y observa que hace, eso es lo que importa. Yo aprendí muy temprano la diferencia entre saber el nombre de algo y saber algo”
Richard Feynman
Esta frase es una palmada al rostro a los que vivimos embotados
en una curiosidad obsesiva por documentarnos de todo, la cual resulta enfermiza
pues nos olvidamos de algo tan esencial como encontrar utilidad práctica al
conocimiento. No deja de resultar preocupante que nuestra vida gire diariamente
entorno a los aparatos electrónicos, siendo lo primero que hacemos en el día
sea revisar el Smartphone o encender
la laptop y lo último sea apagarlas
antes de dormir. Por esta inquietud quiero remontarme a la época analógica en
la que aprendimos a leer, en la cual sólo nos obsesionábamos más por el radio y
la televisión.
Aprendí a leer por allá de 1993, además de digerir alrededor
de tres horas de TV (a veces más, si no se podía jugar afuera por la lluvia). Me
devoraba los libros almanaques de
Escuela Para Todos desde su primera emisión en 1966 a la
fecha que coleccionaba mi papá. Las primeras leídas de esos almanaques
consistían en pasadas de hoja, las cuales rara vez me detenía para leer un
cuento o un artículo que no pasaran las dos páginas. Entre leída y releída
tenía menos pereza en leer los artículos más extensos y por ahí del cambio de
milenio llegué prácticamente a memorizar esos libros. Con el auge de nuevas
fuentes de información (físicas y digitales) mi interés por los almanaques ICECU fue
mermando, pues uno entrado en más sentido y razón comenzaba a diferir con el
enfoque y la temática del contenido. A pesar de eso siempre tendré aprecio y
nostalgia a esos almanaques que abarcaron muchas de mis primeras horas de
lectura.
A partir de finales de los años noventas las horas de
lectura en los viejos almanaques la fue acaparando la Enciclopedia Encarta, coincidiendo con el primer contacto con una
computadora. Al nivel de ocio también cambiaba. Las horas de televisión irían
bajando paulatinamente para gastarlas jugando al FIFA 99 o algún videojuego en
DOS. Años después pasaría muchas horas jugando las primeras versiones de Warcarft y Starcraft, conocidos y
exitosos juegos de Blizzard. Aún hoy
cuando quiero apagar el cerebro me da por jugarlos de nuevo, incluso alguna
versión más ligera del FIFA (la del 2006 en mi caso). Pero ya no las horas
endemoniadas de antes.
Volviendo con la Enciclopedia Encarta, ésta
sació mucha de mi curiosidad. Al insertar sus discos en la unidad de CD-ROM
invertía el rato leyendo biografías de gente, acontecimientos históricos y
geografía la mayor parte del rato. Igual de atractivas eran sus galerías de
imágenes, mapas, animaciones y su línea de tiempo. Como Wikipedia su navegación era intuitiva mediante hipervínculos, pero
en modo offline. Tomemos en cuenta
que Internet no tenía la misma accesibilidad de ahora, mucho menos para los que
vivíamos en áreas rurales. Eso se iría solucionando llegando a la mitad de la
década pasada, implementando la conexión del RACSA 900 con la asombrosa
velocidad de 56 kilobites por segundo; en la cual no se podría utilizar el
teléfono. Una historia de terror para los adolecentes y veinteañeros de hoy.
Paralelo a esos primeros contactos con la informática y el
Internet estaba la obsesión con los periódicos. Mi papá traía de vez en cuando
a la casa una caja de ejemplares viejos de La
Nación (varios meses de impresos), los cuales se compraban en la oficina su
trabajo. Yo los devoraba por las noches
luego de la escuela y el colegio. Me gustaba hacerle recortes a algunos
artículos y coleccionar los suplementos, entre culturales y deportivos en su
mayoría. Tengo un baúl repleto de esos suplementos como la Revista Dominical, Zurquí,
Áncora, secciones deportivas con
noticias de las olimpiadas del 2000 y 2004, entre otras de menor tiraje. Tenía
además una caja de repleta de artículos y suplementos sobre fútbol, como la
sección de deportes de los 30 días que duró el mundial de 2002; junto con
folletos alusivos al evento y al equipo de fútbol de Costa Rica. Como me iba
quedando sin espacio y el polvo o las telarañas me iban ganando la guerra, sin
mucho remordimiento terminé regalando la caja a un familiar más futbolero que yo.
Hoy le da un mejor uso nostálgico del que le daría yo actualmente.
La conexión a Internet vía Dial-Up fue muriendo por ahí del 2007. El ADSL y su banda ancha
finalmente llegaron a la montañosa geografía cafetalera en donde vivo. Primero
con una velocidad de descarga media a los 25 kb/s, que se duplicaría al año
hasta un nuevo aumento de banda que hoy va a los 110 kb/s. Durante estos
últimos años (dos con red inalámbrica) se ha facilitado bastante el acceso a la
información y a las noticias, también el uso y la interacción de redes sociales.
Tras el declive de la red Hi5 (de la
cual nadie echa de menos) dudé mucho en crear mi cuenta de Facebook hasta que lo hice un 1 de enero hace casi tres años. A
pesar de emplearse forma banal entre la gente la mayoría del tiempo yo le
encontraba su utilidad, pues Facebook da la libertad de configurar el timelime a conveniencia. Otras redes
sociales como Twitter me despertaban
atención por su creciente popularidad, aunque en un principio no entendía su
aplicación. Con el tiempo comprendí entonces que gracias a Twitter uno podía
dar seguimiento a noticias y acontecimientos prácticamente a tiempo real, igual
que otras redes sociales también prestadas a la curiosidad (Flickr, Tumblr, Grooveshark,
etc).
Internet hoy nos ha variado considerablemente los hábitos
diarios. Muchos hemos descartado casi por completo la televisión (en mi caso
porque no tengo cable), pues el aprendizaje, el entretenimiento y las noticias
nos las suministran las redes sociales. Cuando me levanto puedo pasar hasta una
hora revisando los timelime tanto de
Facebook como de Twitter, para saber el último metida de pata de alguna figura
pública, los post de algún contacto y
las noticias de cualquier parte del mundo. También las actualizaciones algún Fan Page relacionado a los intereses
propios (cine, música, astronomía, fotografía, deportes…) relacionado a cuanta
página se le haya dado like. Sin
embargo, ante tanta sobre dosis de información preocupa que no nos quede ningún
margen para aplicar todo ese conocimiento a allá
afuera.
Actualmente ha tomado fuerza un término llamado procrastinación. A grandes rasgos se
resume como el hecho de emplear el tiempo en Internet viendo actualizaciones de nuestros contactos
en redes sociales; aunque en plan de indecisión, evasión y postergar trabajos o
pendientes que nos incumben diariamente. Todo el Internet se presta para procrastinar, pero
si hay una red social procrastinadora por excelencia esa es Pinterest. Max Jiménez en una de sus lúcidas
candelillas afirmaba que los vicios no se dejan ni se abandonan, simplemente
cambian. Hoy ya no paso horas frente a la TV o recortando noticias de los
periódicos, pero cuando me doy cuenta se me han ido varias horas pineando
imágenes a mis tableros. Como Twitter en un principio no estaba muy seguro de la
utilidad de esa red social. De largo la veía como una manía más de los
gafapastas, pero dudo que la mayoría de ellos hubiera llegado a más de 2000 pines en sus primeros
tres meses en Pinterest.
Mientras escribía esta entrada por ahí de miércoles de la
semana pasada, el jueves siguiente hasta el domingo estuve trabajando en la
organización de un festival de música metal; realizado cerca de donde vivo.
Entre esos días prácticamente no ingresé a Internet, por lo que estuve incomunicado
de cuanta noticia, artículo o cotilleo que circula por la red. Me enteré únicamente
que el equipo de futbol de Costa Rica se enfrentará en Brasil a tres campeones
del mundo y de la muerte de Nelson Mandela. En esos días no me afectó ningún
síndrome de abstinencia ni ansiedad por leer lo publicado en redes sociales, quizá
en gran parte porque había que dormir como tres horas para volver a trabajar de
lleno para el festival. He ahí lo valioso de un reset mental en donde ponemos la mente en blanco por varios días,
para encarar de nuevo nuestra rutina con nuevas perspectivas.
El planeta no para de girar si nos quedamos aislados del por
un tiempo. No hay mejor terapia para esas
manías virtuales que una esporádica rutina analógica.

