5 de noviembre de 2011

Una road movie por la ruta jacobea



Como suele pasar siendo novato en cuanto a gusto literario inicial, cuando comenzamos a consumir bets-seller El Peregrino de Paulo Coelho generalmente es de las primeras opciones. Dejando de lado el discursillo de autoayuda que el autor busca vendernos, llama la atención una tradición religiosa que va más hacia la aventura que sobrevive con el paso de los siglos. No se cuestiona la vocación cristiana-católica de España, arraigada por defecto en sus colonias latinoamericanas derivando en costumbres y mentalidades oscurantistas. Sin embargo, hoy el Camino de Santiago no parece ser algo exclusivo de fanáticos religiosos que caminan penitentes a la tumba del apóstol.
The Way (El Camino, 2010) es protagonizada por Martin Sheen. Este veterano actor de raíces gallegas e irlandesas se pone a la orden de su hijo Emilio Estevez; director, guionista y actor del proyecto para mostrar el drama de un padre que se entera de la muerte de su hijo el cual iba a empezar una travesía hacia Santiago de Compostela. Renuente en el principio, decide comenzar la caminata que dejó inconclusa su hijo Daniel (interpretado también por Emilio Estevez) en Jean Pie-de-Port en la frontera con Francia. Irá pasando por rústicos y ancestrales pueblos a lo largo del norte de España. Con las dificultades que suele dar cualquier andanza Sheen se irá encontrando con gente de diversas geografías, que sin embargo no peregrinan por razones estrictamente religiosas.
Si hay algo que rescato a esta cinta es no pegarse a una sola visión religiosa, porque el argumento se prestaba dar gastados sermones de iglesia. Se va en cambio a cosas más personales e incluso mundanas. Pues más que una romería que se haga por tradición, quizá su auge va entre un viaje existencial o al simple deseo aventurero. Esto hace que hoy el Camino de Santiago no le sea excluyente al mundo, cada vez más escéptico y secular. Ni siquiera excluir como pasa en la historia si los nuevos peregrinos fumen marihuana, busquen placeres carnales en las posadas, traten de bajar de peso o bien intenten salir de un bloqueo creativo. Tanto espectadores como personajes, no dejamos de asombrarnos por los evocadores entornos y la inmensa riqueza cultural de la también llamada Ruta Jacobea.
Tengo entendido que The Way se estrenó hace ya casi un año en España. Soy muy optimista sí creo que se vaya a exhibir en países como Costa Rica. De todas maneras no la excluyo de los videoclubes y al Internet. Buena recomendación para quitar malos sabores de boca como Vicky Cristina Barcelona y la gastada imagen ibérica que da, en gran parte gracias a la vomitiva visión de mundo de Woody Allen. El cual se limita a ambientar sus pedantes historias con lo que dice la publicidad turística. The Way en ese punto le gana por goleada por mostrar un relato más honesto con sus personajes, la gente y el entorno que pueblan el trayecto a Santiago de Compostela.

23 de octubre de 2011

Entre el cosmos y la memoria


“Hemos hecho un trabajo tan pésimo en lo que respecta a administrar nuestro planeta que deberíamos tener mucho cuidado antes de tratar de administrar otros”

Carl Sagan

Hace un tiempo mientras divagaba en cuestiones de astronomía, una amiga me opinaba con toda razón en que es muy contradictorio que mientras se empleaban muchos recursos para la exploración espacial aún no hay mucha voluntad en solucionar los problemas del mundo. Más que un ciudadano de un país, continente o planeta voy más allá como un ser insignificante en la vastedad del universo. Creo que no debemos soslayar lo que pase aquí, al igual que no ignoremos lo que podemos aprender más allá del Sol.

En el documental chileno Nostalgia de la Luz (2010) hace un justo balance al analizar la astronomía y el cruento pasado chileno. Ciencia e historia encuentran puntos en común, analizando paradojas y casos en particular. El desierto de Atacama es un lugar ideal para la astronomía por su constante cielo despejado el cual facilita el trabajo de observatorios y radio telescopios, como tristemente también lo fue para ocultar los crímenes de la dictadura de Augusto Pinochet. Hoy en el Atacama mientras en la noche los astrónomos miran al cielo en sus telescopios, de día los parientes de miles de desaparecidos dan vuelta a la tierra seca del desierto para dar con los restos de sus familiares.

Se dice dentro del documental que Pinochet prohibió el estudio de la astronomía, pues podría ser de ayuda para un pueblo sublevado. No muy lejos de un observatorio en el Atacama, el dictador reactivó las instalaciones de una antigua mina para convertirla en un Gulag en la cual encerró a prisioneros políticos. Algunos de ellos eran astrónomos que encontraron en el cielo estrellado la única vía de escape al tormento ocasionado por los esbirros pinochetistas.

En una parte de la película un astrónomo analiza que su trabajo aunque no parezca tiene mucho que ver con la historia, más en concreto con el pasado. Asombra saber que muchas de las estrellas que vemos en el firmamento quizá ahora no existan. Su brillo, a miles o millones de años luz de la Tierra aún llega continuamente hasta que llegue el momento en que no encontremos rastro de su resplandor. Hace ver que el astrónomo es un arqueólogo del universo que indaga en los rastros del Big Bang. Eso sí, aclara que su búsqueda no tiene el mismo peso angustiante que tienen las que hacen los familiares de los desaparecidos en el Atacama con la ayuda de antropólogos.

También se comenta que la historia más reciente parece estar más encapsulada que la contada por las estrellas, pues hay mucho por qué avergonzarse y muchos de esos culpables siguen rondando sueltos haciendo de santos. No por algo la juventud chilena está harta de la herencia pinochetista (soslayada incluso por sus gobiernos de tendencia más progresista), al igual que el inepto gobierno conservador que tiene hoy. El presidente Piñera ya no tiene mineros atrapados bajo tierra para rescatar su popularidad y no le queda más de otra que encarar el malestar que tiene la población.

En ocasiones creo que cuando no se encuentra la solución de los problemas del mundo, no queda más remedio que recurrir al universo. Aunque lo más conveniente sería valernos de lo que hay dentro del rango de gravedad terrestre.