7 de agosto de 2010

Westerns opuestos: John Wayne y Clint Eastwood

En su última película The Shootist (El Último Pistolero, 1976) el director Don Siegel pidió a John Wayne dispararle por la espalda a su enemigo. Wayne se negó alegando que iba en contra de los valores de su personaje, a lo que Siegel le replicó comentando que Clint Eastwood no tendría problema en hacerlo.

Y es que los dos actores representan dos tendencias diferentes, en la que una derivó de otra al estancarse en historias trilladas y predecibles. A eso terminó decayendo el western de John Wayne, las películas donde la caballería y militares colonizadores eran los héroes de la historia. Mientras que los indios eran los malos que hacían la vida imposible a los galantes héroes como el George Custer de Errol Flynn. Pero desde el desierto almerience Clint Eastwood, junto con nueva una generación de directores darían un nuevo sentido a las películas del oeste.

El Todopoderoso John Wayne

El siglo XIX traía entre sus desafíos poblar el oeste por el hombre blanco. Para eso estaba John Wayne a galope disparando a los indios, tanto con su revolver Colt .45 o con el letal rifle Wichester. De paso cuando interpretaba al Sheriffs de turno era el adecuado en darle el merecido a los rufianes. Sea el solito o con la ayuda de algún borracho o viejo del pueblo, no sin antes echarse una sermoneada santurrona y pedante a los bandidos.

Para la cultura norteamericana John Wayne (quien en realidad se llamaba Marion Mitchell Morrison) era icono y símbolo en cuanto héroes a seguir. Un héroe que siempre hace lo correcto, aunque estuviera mal. Fuera de cámaras Wayne fue un orgulloso macartista, enemigo de cuanta idea ajena y peligrosa a su fanático patriotismo; la cual ensuciara la imagen romántica de su amado país. Esa quizá fue la actitud por la cual se estancó el western norteamericano. Se hacían películas de vaqueros para glorificar la conquista del oeste, con una imagen muy distinguida e ilustre de los colonos y la caballería militar que lo llevó a cabo. A largo plazo esa idea de hacer westerns se hacía más aburrida y obvia para la nueva generación de norteamericanos, que verían en Wayne como un vaquero fuera de época. Engañado de sus propias fantasías ignorando el presente que lo rodeaba.

Clint Eastwood el Ángel Caído

No se puede decir que el western con Clint Eastwood tomara un giro radical con sus primeras apariciones. Ni tampoco que por el diera un tono más progresista en sus películas. Wayne como Eastwood tienen en común su afilación al Partido Republicano, también en encarnar desde sus inicios héroes obvios y ser acosados por las vertientes más liberales de su país. Pero Clint a diferencia de John, al ver la situación por la que decayó el western tuvo el coraje de ir por la ruta de la desmitificación. Además como lo vemos hoy, hace y protagoniza películas por las que John Wayne y su grupo hollywoodense de conservadores hubieran pegado el grito al cielo al Comité de Actividades Antiestadounidense.

Clint no menospreció al indio en sus películas, porque simplemente no le interesó en meterlo. Era común en los años cuarenta y cincuenta, pero no en su presente. Era un tema gastado. En cambio mostró una imagen nueva del pistolero: solitario, callado, ambiguo y enigmático. Alguien que no gasta saliva en aburridos discursos justicieros, sino que mediante sus propias reglas y unas pocas palabras al aire deja que las balas de su revolver hablen por él. Sin embargo, esa imagen que Eastwood mostró del pistolero también se fue volviendo obsoleta. Clint lo notó y a diferencia de Wayne, quiso evolucionar esas ideas a un presente ajeno al él. Wayne no quiso quitarse su aura de héroe, aún cuando John Ford le diera en The Searchers (Centauros del Desierto, 1956) el personaje más ambiguo de los que se atrevió a interpretar. No hubiera salido de su propia iniciativa.

John Wayne también dirigió películas, en las cuales hace gala y pompa de su conservadora ideología. Hizo The Green Berents (Boinas Verdes, 1968) con fin propagandístico a favor de la Guerra de Vietnam. Lejos de ser una cinta bélica más al presente de hoy, parace un film como los que se hacían para la Segunda Guerra Mundial: militares disciplinados, nobles y valerosos; con un alto patriotismo, lucidéz y camaradería (además de cantar esas rídiculas canciones de ejército). Imagen que Francis Ford Coppola tiraría por los suelos con Apocalypse Now (1979), con soldados que escuchan a los Rollings Stone y fuman marihuana, mientras se ven trastornados por el entorno para convertirse en seres salvajes; liderados por oficiales que solo buscan sorfear a la fragancia del napalm o se convierten en seres proscritos. En la película de Wayne sobraran las butacas vacías, para Easy Rider (1969) había centenares de personas haciendo filas de varias cuadras para verla por tercera o cuarta vez. Wayne menospreció el presente y éste lo menospreciaría a él.

Henry Fonda

De los actores del llamado periodo clásico de Hollywood, Henry Fonda es uno de más respeto. Fue un democrata liberal, en una época que serlo de más (aunque a medias tintas) era verse en listas negras del FBI y de murmullos a las espaldas. Dentro de cámaras era un actor muy dotado, capáz de hacer buenas escenas en la primera toma. Para su época, tenía versatilidad en interpretar a personajes muy opuestos. Dicha capacidad que alguien como John Wayne no fue muy dada, pues se encasilló en roles de alguacil, soldado de caballería o ejército, vaquero pistolero y alguna que otra comedia o drama.

Fonda coincidió una vez John Wayne en Fort Apache (1948) de John Ford. Acá interpreta a un estirado y disciplinado Coronel de la Caballería, trasladado a un distante punto fronterizo en donde se hunde por el ansia de hacerle guerra a los indios. Luego de una pelicula como Cheyenne Autumn (Otoño Cheyenne, 1964) nos parecería un personaje hipócrita y racista. Esa fue la idea tal vez de John Ford en dar esa imagen al personaje de Fonda, para que el de John Wayne pudiera llevarse el credito. Pero el caso es que muchos de los personajes de Henry Fonda, son recordados por ser abiertamente idealistas; a lo que lo asociaban mucho en la vida real.

Dentro de los westerns destaca The Ox Bow Incident (1943), la historia sobre un hombre acusado de un crimen que no cometió. Hace de algualcil en My Darling Clementine (1946) entre varios otros, pero en los sesenta incursiona a las órdenes de Sergio Leone en Once Upon a Time in the West (Érase una vez en el oeste, 1968). Interpretando a uno de los villanos más infames del género, irreconocible a los idealistas personajes de Las Uvas de la Ira (1940) y 12 Hombres en Pugna (1957). Después de esa película mucha gente no lo mirarían igual.

Ahí está el crédito del actor al no tratar de encasillarse. En su carrera filmográfica Henry Fonda pudo ser capaz de mostrar lo mejor y lo peor del ser humano, apegarse a alegres fantasías e ideas románticas; o bien en ser alguien sin piedad incluso con niños. Aún por la antipatía que me genera John Wayne, le reconozco como figura del western al que se encasilló. Pero hoy, un actor que se encasilla se cierra muchas puertas. Clint Eastwood en eso si se ve más versátil ahí que Wayne, no tanto como actor, pero sí bastante en la dirección.

Posteridad

Hace treinta años cuando a alguien le daba por matonear o tener una actitud temeraria, se hacía alusión a John Wayne. Hoy es Clint Eastwood quien le ha ganado el duelo y que al final sea más recordado que Wayne. La generación que admiró al Sheriff de Río Bravo (1959) ya va muriendo en su puritanismo anticuado. En la actualidad los desencantados de la realidad, los easy riders del presente preferimos identificarnos con Clint Easwood. La idea que representan sus personajes consiste es darse a respetar sin decir mucho, con la sola presencia. Sin alardear de su habilidad porque ya es algo evidente y que no merece más explicación.

4 comentarios:

  1. Gerardo Almodóvar3 de febrero de 2012, 5:11

    Henry Fonda ha sido, es y será, el actor más inteligente, sutil y versátil de su generación. Fonda es el CINE. Un actor irrepetible.

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  2. Gerardo Almodóvar3 de febrero de 2012, 6:11

    'Las uvas de la ira','Doce hombres sin piedad','Pasión de los fuertes', 'Fort Apache', 'Escala en Hawai','El hombre de las pistolas de oro', 'Falso culpable', 'Hasta que llegó su hora', 'El día de los tramposos', 'En el estanque dorado'...
    ¡Qué carrera! ¡Y qué gran injusticia cometió la Academia con los Óscar...! ¡Señores: un HONORÍFICO, "en reconocimiento a sus brillantes logros y perdurable contribución al arte cinematográfico"!
    Así se liquidaba una carrera de cincuenta años... ¡Manda huevos!

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  3. ...sip, me parece increible que solo un Oscar recuerde al gran John Wayne, hoy pasados 40 o 50 años veo sus peliculas y las disfruto como el mejor estreno hollywodense...ahhh y buen comentario, un poco duro con John sip jajaa...saludos

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  4. John Wayne carece de registros, es algo que está a la vista. Siempre (de la forma más tediosa), compone el mismo personaje: las mismas posturas, los mismos tics. Da igual con quién trabaje. Todo es plano, como un armario, siempre lo mismo.¿Y el revólver...? ¿Alguien ha reparado en cómo lo lleva? Es de traca.
    Y si lo comparamos con actores del calibre de Gary Cooper, Henry Fonda, Robert Ryan, Burt Lancaster... Sin comentarios.

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